Papá salió en viaje de negocios

PAPÁ SALIÓ DE VIAJE DE NEGOCIOS

A partir de las escasas referencias que tenemos de las cinematografías del Este, al parecer la yugoeslava no ha estado ajena a la corriente crítica y auto confesional que ha caracterizado a los cines polaco, checoeslovaco y más recientemente al soviético. Lo cierto es que ya a comienzos de los setenta, cuando veíamos pasar fugazmente por nuestras carteleras algún filme de Dusan Makavejev, podíamos detectar en el cine yugoeslavo una particular sensibilidad para observar su sociedad y los destinos individuales puestos en juego en ella.

En un primer nivel, Papá salió en viaje de negocios puede ser apreciada como un necesario ajuste de cuentas con el pasado y específicamente con los efectos de las rearticulaciones políticas de una sociedad sobre viviente de la guerra, intentando abrirse un camino propio en la orientación socialista, al margen de ortodoxias y hegemonías.

La evocación que hace Kusturica de ese periodo tiene bastante menos de nostalgia que de denuncia de perversiones políticas, denuncia que no por recurrir al tono irónico y desenfadado resulta menos corrosiva.

La acción se desarrolla a comienzos de la década del cincuenta, en momentos en que el Mariscal Tito rompe con Stalin e impulsa su propia vía al socialismo. Mesa, el protagonista, un funcionario del Ministerio del Trabajo, es acusado por el hermano de su mujer, un esbirro del aparato de seguridad, de ser proclive al stalinismo, el que en esos momentos el nuevo orden trata de erradicar. La paradoja que destaca Kusturica en esa situación, radica en que el stalinismo en el partido comunista yugoeslavo es perseguido mediante los mismos métodos represivos instaurados por Stalin.

Desde el momento en que se nos revela que la acusación de que es víctima Mesa ha sido motivada por los celos, usando como pretexto la política, vemos que el filme deriva hacia la situación personal, los rasgos psicológicos, las motivaciones íntimas de sus protagonistas.

La vida en Sarajevo, ciudad natal del realizador Kusturica, es reproducida con esa entrañable aproximación que suscitan las vivencias de infancia y bien puede la peripecia de ese grupo familiar protagónico corresponder a datos autobiográficos del director.

De hecho, la historia es narrada principalmente desde la perspectiva de un niño, el pequeño Malik, que observa lo que le rodea con una perspicacia que los mayores apenas perciben. Para Malik, la «verdad oficial» que su familia ha instaura do (la de que «papá salió en viaje de negocios»), apenas inquieta su percepción de la realidad: su padre se halla deportado y condenado a trabajos forzados. Como ocurre a menudo en la infancia, esta realidad terrible ha sido internalizada y transformada en la normalidad de su vida, traducida en la cautela familiar, los desplazamientos, el viaje con su madre, los juegos y el sonambulismo real y el fingido.

De allí que la perspectiva del relato sea serena, contemplativa, inocente, ajena al maniqueísmo y al énfasis dramático. Los personajes son seres comunes y corrientes, tan llenos de cualidades como de defectos y en la mirada de Kusturica predomina la simpatía y la piedad, incluso para el causante de la desgracia familiar, con su patética escena de autocastigo en la fiesta de bodas del final.

Lo que en última instancia reivindica Kusturica es que los fenómenos de consecuencias políticas no corresponden a mecanismos abstractos que actúan sobre las personas, sino que incluso las injusticias y arbitrariedades derivadas de la política son provocadas por hombres que se parecen a cualquiera, como el comisario político que vigila a Mesa, que puede llegar a ser su amigo, aliviando su cautiverio, modificando la brutalidad abstracta del mecanismo represivo.

Esta humanidad fundamental de los personajes está constantemente manifestándose, como en la campechana testarudez del abuelo, que termina eligiendo la prisión de un asilo antes que el caótico hogar de Mesa , en la fortaleza y voluntad de vida de la mujer de éste y sobre todo, en la agresiva sensualidad de Mesa que culmina con la escena final con su antigua amante, en la que la pasión y la revancha se mezclan en un oscuro y fascinante juego de amor-victimización que pareciera dar todo el sentido al calvario sufrido por el protagonista. Para él resulta como una especie de redención al revés, una apuesta por las fuer zas oscuras que rigen la existencia y ante las cuales el pequeño Malik resulta un testigo menos asombrado que receptivo.

Es desde la perspectiva autobiográfica del futuro creador, del testigo de grandezas, sufrimientos y miserias que decide remontarse mediante el sonambulismo fingido –el artista es un simulador- que debe interpretarse la levitación prodigiosa que termina en un guiño de complicidad dirigido al espectador.

JOSÉ ROMÁN

 

EMIR KUSTURICA

Nacido en Sarajevo en 1955, se interesó por el cine desde pequeño, coleccionando fotografías y afiches y realizando pequeños filmes de animación mediante el procedimiento de dibujar directa mente sobre rollos de película desechada (experiencia que reproduce en Papá salió en viaje de negocios a través del personaje del hermano mayor de Malik).

En su adolescencia realiza algunos cortometrajes que le reportan premios en festivales de cine aficionado. Más tarde estudia cine en Praga y el filme con el que obtiene título de director, Guernica, gana el primer premio en el festival de cine -de estudiantes efectuado en Karlovy Vary (Checoeslovaquia) en 1978.

De regreso a Yugoeslavia, realiza numerosos filmes para la televisión de Sarajevo, entre los que destacan por su obtención de varios premios Vienen las novias y El Bar Titanic.

Su primer largometraje para el cine, ¿Recuerdas a Dolly Bel!?, lo realiza en 1981 y con él obtuvo un premio en el Festival de Venecia. Su segundo largo, Papá salió en viaje de negocios, se hizo acreedor a la Palma de Oro al Mejor Film en el Festival de Cannes.

Heredero de una sólida tradición cinematográfica, representada por cineastas como Alexander Petrovic, Vratoslav Mímica y especialmente Dusan Makavejev, el gran innovador del cine yugoeslavo en la década del sesenta, Kusturica pertenece a la más reciente promoción de cineastas, junto a Slobodan Sijan y Milos Radivojevic, caracterizada por un crítico francés como «la que pone en práctica un realismo que no tiene reglas rígidas, una libertad narrativa sin límites y una crítica social que no respeta ningún tabú».

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Archivos Normandie es un archivo patrimonial digital que pone en valor la crítica cinematográfica y la programación del Cine Arte Normandie entre 1982 y 2001.


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