La costa mosquito

AUTOR: José Román
PELICULA: La costa mosquito
TÍTULO ORIGINAL: The Mosquito Coast
AÑO ESTRENO: 1986
DIRECTOR: Peter Weir

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El realizador

Nacido en Sidney, Australia, en 1944, se ha erigido, en el más importante realizador surgido de ese país en los últimos años. En la universidad estudió arte y derecho, para dedicarse más tarde el teatro com1o actor, director y escritor. En 1967 empezó a trabajar para una estación australiana de televisión.

Su primera película de largometraje fue Homesdale (1971), descrita por un critico como “un filme experimental sobre un mortífero campo de vacaciones para tipos desanimados de la ciudad”. El juicio tiene interés porque establece desde un comienzo la afición de Weir por temas inquietantes, en que un estado de normalidad aparente es socavado por la irrupción de fenómenos insólitos.

Las inquietudes que caracterizarán el cine de Weir aparecen ya plenamente en su siguiente peícula, The cars that ate Paris, (1974), no estrenada en Chile y que el crítico Ronald Melzer relata así: “En un pueblito australiano semi-desértico un joven es víctima de “luces malignas”, se recupera milagrosamente de un terrible accidente, intenta adaptarse a una sociedad depredadora que acepta una suerte de canibalismo a ultranza y termina huyendo de esa violencia casi institucionalizada.”

Sus películas posteriores son conocidas , en nuestro país: El misterio de las rocas colgantes (1975), La última ola (1977), Gallipoli (1981), El año que vivimos en peligro (1982), Testigo en peligro (1985) y La costa Mosquito (1987).

El misterio de las rocas colgantes, que se basaba en un hecho real, logra sugerir un clima fantástico a partir de una aproximación a la sexualidad reprimida enfrentada a la bullente naturaleza y en un medio regido por la rígida moral victoriana. Esta película constituyó un éxito tanto en su país de origen como en Europa y EE.UU., cimentando el merecido prestigio de Weir.

La última ola utilizaba las premisas del género fantástico para profundizar en ciertas particularidades antropológicas y culturales de la nación australiana. En este filme, los mitos, rituales y la concepción mágica del fin del mundo de los aborígenes, se veía confrontada con la estrecha legalidad de los blancos.

Gallipoli recrea un episodio de la Primera Guerra Mundial, en el que se vieron involucradas tropas de Australia, en un relato antibélico, tanto más estremecedor cuanto que en él se eluden los tópicos frecuentes en este género, en beneficio de una exposición que contrasta dramáticamente las tendencias que afirman la vida con aquellas que propician la destrucción.

En El año que vivimos en peligro, vuelve a enfrentar al hombre de la civilización occidental, un periodista australiano, con una cultura que le es ajena, la Indonesia de Sukarno durante la sangrienta masacre de comunistas perpetrada por los soldados del régimen, lo que obliga al periodista a enfrentar una disyuntiva moral, en medio de una situación que le es extraña.

Testigo en peligro, la primera película norteamericana de Weir, a través de un relato policial, nos habla nuevamente de la confrontación de dos culturas, de dos maneras de entender la vida, de dos sistemas de valores opuestos. En su historia, Weir vuelve a poner en duda el pretendido progreso de las sociedades tecnológicas como la mejor vía para lograr la felicidad; pero al mismo tiempo, sin ingenuidad ni proselitismo, expone otra forma cultural exóticamente inserta en el corazón del mundo superdesarrollado, los «amish», con su recuperación de antiguos valores, pero también con su anacrónico puritanismo y su intolerante severidad.

La aptitud de Weir para crear un estilo que tiende hacia lo fantástico y lo psicológico, pero estrechamente vinculado a una realidad cultural y social reconocible, ha hecho de este realizador -probablemente junto a Bruce Beresford – el exponente más destacado del cine australiano actual, incorporándose ambos a la cinematografía norteamericana, a la que han aportado su particular sensibilidad y refinada percepción, sin entrar en colisión con los requerimientos de la industria, sino más bien adaptando sus ventajas a sus necesidades expresivas.

 

LA COSTA MOSQUITO

Hay algo más que una aplicada artesanía en esta adaptación de la novela de Paul Theroux realizada por el australiano Peter Weir. Alguna vez declaró: «Me parece perfectamente natural que realizador y guionista sean una sola persona, pero me da lo mismo trabajar sobre un guión ajeno. Si se tiene un estilo, no importa que el material emane de otra persona, al trabajarlo, se asimila, se absorbe y se llega a convertir en algo propio.»

Es claramente algo propio lo que Weir logra articular a partir del guión que Paul Schrader, otro realizador de fuerte personalidad, extrajera de la novela de Theroux .

Esta historia de un hombre entre dos mundos, sujeto a opciones imposibles, desgarrado entre su realidad y una alucinada inmersión en lo desconocido, estaba ya en la obra del realizador: un abogado enfrentado a su concepto de legalidad y el mundo mágico aborigen en La última ola. Un periodista vacilante entre su oficio mercenario y la necesidad de involucrarse moralmente en la lucha de un pueblo asiático en El año que vivimos en peligro. Un policía situado entre la brutalidad urbana y la apacible vida comunitaria de un grupo amish en Testigo en peligro. Aquello que quedaba pendiente en este filme, adquiere forma en La costa Mosquito. Allie Fox, su protagonista ha llegado a abominar del pretendido progreso de su civilizada comunidad, en EE.UU. Cansado de la cultura del consumismo y el desecho, decide fundar nuevas bases de existencia en la selva de Honduras.

Como lo intentara el legendario Fitzcarraldo, llevado al cine por Werner Herzog, Fox decide llevar a los nativos del trópico la magia del hielo, para transformar su existencia y crear una nueva forma de integración societaria, sin los vicios de la civilización de la que él proviene.

Allie Fox al igual que Fitzcarraldo, es un alucinado cuyo proyecto es tan magnífico como irrealizable. Su «buen salvaje» roussoniano ha sido ya contaminado por un predicador que le ha impuesto un modelo de creencias e interdicciones; su huida de la violencia urbana lo lleva a encontrar la misma violencia de manos de un grupo de bandidos o guerrilleros; su espíritu libertario no alcanza a percibir la opresión que ejerce sobre su propio grupo familiar, al imponerle los sacrificios que él ha asumido libremente.

La odisea de Allie Fox es un itinerario moral, en el que Weir enaltece un gesto de independencia y libertad, tal vez el único que percibe como posible en la sociedad de consumo actual. Esta odisea, al ser emprendida desde la vulnerabilidad de lo humano y en un mundo que ya no tiene espacio para esos gestos, sólo puede conducir al fracaso y a la muerte.

JOSE ROMAN

CRÍTICAS

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