Bird

AUTOR: José Román
PELICULA: Bird
TÍTULO ORIGINAL: Bird
AÑO ESTRENO: 1988
DIRECTOR: Clint Eastwood

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BIRD

 

CLINT EASTWOOD

Conocido principalmente como actor, Clint Eastwood ha desarrollado una carrera paralela de realizador, iniciada en 1971 y que alcanza ya a trece títulos. Estas películas han ido interesando progresivamente a cierta crítica que ve en este director a un genuino «autor» cinematográfico, con ciertas constantes temáticas y de estilo que configurarían una obra coherente e identificable, vinculada además a sus trabajos como productor y actor en otros filmes salidos de la Malpaso, empresa productora de propiedad de Eastwood.

Nacido en 1931 en San Francisco, fue músico de jazz aficionado antes de descubrir su vocación por el cine. En 1955 se inició como actor de reparto (en secuelas del «Monstruo de la Laguna Negra» y de Francisquito, el mulo parlante), carrera que prosiguió durante nueve años en filmes sin interés, hasta lograr el rol protagónico de la serie de televisión Rawhide. Pero fueron las cintas que protagonizó bajo la dirección del italiano Sergio Leone (Por un puñado de dólares, Por unos dólares más, El bueno, el malo y el feo) las que lo lanzaron al estrellato y le permitieron configurar un rol (el de cowboy sin nombre, taciturno e inexpresivo, pero eficaz) que se transformará en el centro de los western que él dirigirá y protagonizará más tarde.

Dirigido por Donald Siegel, quien influirá fuertemente en su carrera, protagoniza en 1968 Mi nombre es violencia, donde construye un personaje, el de un cowboy policía transplantado a la urbe, cuyos rasgos: individualismo, desprecio por la legalidad y sus instituciones en nombre de la eficiencia justiciera, predilección por las soluciones violentas, anticipando las características de su personaje favorito, el inspector Harry «el sucio», que interpretará en cinco filmes, dos de ellos dirigidos por él.

Su carrera como realizador, iniciada en 1971 con Play misty for me, se ha alternado preferentemente entre el thriller policial y el western, en una tentativa que para algunos críticos ha constituido una revitalización de ambos géneros, de acuerdo a sus reglas más ortodoxas.

En sus thrillers (Licencia para matar, Ruta suicida, Firefox, etc.) ha sostenido su imagen como actor en roles de rudo policía o agente, silencioso y eficaz y sin mayores escrúpulos de conciencia, en historias no demasiado sólidas ni originales, pero que se han constituido en las bases de su éxito comercial, merced a una aplicada artesanía y a un buen equipo de colaboradores. Sus westerns (El fugitivo Joseph Wales, El jinete pálido, etc.), a medio camino entre la tradición clásica norteamericana y el pastiche «a la italiana», apoyados también en la imagen de héroe vengador que el actor Eastwood ha consagrado en sus filmes, tienden a la abstracción, al esquematismo y a una simbología no exenta de pretensiones de trascendentalismo.

Fuera de estos géneros, el director ha incursionado en otros registros: una obra intimista y de honesta sencillez, Interludio de amor (Breezy); una comedia Bronco Billy, y un filme bélico, El guerrero solitario (Heartbreak Ridge), en el que narra la reciente invasión de Grenada como un sacrificado y contradictorio calvario, en aras de la gloria de Norteamérica, según las bases ideológicas en que se sustentan la mayoría de sus filmes. (J. R.)

 

BIRD

Bird puede ser la oportunidad que Clint Eastwood ha estado buscando por mucho tiempo para salir de sí mismo. Ha acometido este tipo de temas anteriormente y él mismo ha representado al sentenciado intérprete. En Honkyton man, de 1982, era un cantante «country» borracho y tuberculoso (del mismo modo en que Charlie Parker, además de la bebida y las drogas, sufre de úlceras), que finalmente cumple su cita con el destino en Nashville y muere después de rememorar su vida. De este petrificado retrato de una estrella, se podría deducir en Eastwood un sentimiento negativo hacia su propio estrellato, una especie de heroico masoquismo acerca del negocio de ser un héroe, que ha surgido en una hábil tensión de auto-ironía en sus filmes.

Bird lo ha liberado de la esclavitud de ese personaje y aunque el tema es un salto mortal (como lo eran, digamos, La venganza del muerto o El jinete pálido), da la impresión de ser su filme más vivaz. Lo que puede haberse liberado es una generosidad hacia sus otros personajes, un espíritu democrático que en sus filmes con él mismo como estrella, de hecho , dependía del aislamiento casi desdeñoso de Eastwood, de su propio carácter anti-democrático y machista y que daba como resultado una especie de petrificado populismo. Aquí todos los personajes son «otro» – los jazzistas negros y preminentemente el intérprete de saxo alto Charlie Parker, quien creó la revolución del «bebop » en los años cuarenta y quien, de acuerdo a uno de los biógrafos de Parker, empezó conscientemente a desarrollar su música como un arte más que como algo para bailar. El acto de compasiva identificación con su tema, a partir de un sutil y alusivo guión de Joel Oliansky, es tal, que puede ser innecesario hablar de Bird como un filme de Eastwood sino como un ejemplo superior e inteligente de las desacreditadas biografías de músicos en el cine.

A este respecto, el filme tiene un movimiento musical, hacia atrás y hacia adelante en el tiempo, en orden a unir las armonías, así como la autodestructividad de la vida de Parker, pero no trata realmente «acerca» de su música. Los músicos podrían (y aparentemente lo han hecho) objetar el tratamiento, con las grabaciones originales de Parker «limpiadas» electrónicamente y con nuevos acompañamientos agregados.

El filme narra los últimos meses de la vida de Parker, empezando con su tentativa de suicidio con iodina en septiembre de 1954, su breve período de descanso en el hospital de Bellevue y termina con su colapso fatal en marzo de 1955. Entre medio nos cuenta, en flash back, el comienzo de su relación con Chan Richardson, su volatilidad emocional, las tensiones causadas por la adicción de Parker a las drogas y sus infidelidades, lo que es usado para reflejar una verdad emocional acerca de su música, una creativa inestabilidad que le permitió ser permanentemente inventivo. Eastwood recrea escrupulosamente algunos hechos auténticamente biográficos del músico (la angustiada serie de telegramas que Parker envía a su mujer al enterarse de la muerte de su hija, el show televisivo que el músico miraba cuando murió, el platillo que le arrojó irritadamente el baterista Jo Jones en uno de sus conciertos y que sirve de leit motiv narrativo al realizador).

También reproduce un mundo, a través de la fotografía persistentemente en penumbras de Jack N. Green y la manera en que el filme es delineado entre la agonía y la consumación de la muerte, con Parker trascendiéndose a sí mismo a través de su música.

(Extractado de la crítica de Richard Combs, en «Sight and Sound», Winter 1988/89)

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