Nacido en Riga en 1898. Estudió ingeniería civil y arquitectura y en 1918 se incorporó como voluntario en el Ejército Rojo. Allí construyó fortificaciones, diseñó carteles de «agit-prop» y participó en actividades teatrales como director, decorador y actor.
Influido por el Renacimiento italiano y especialmente por Leonardo da Vinci y la «commedia dell’arte», desarrolló una intensa actividad artística en el teatro del Proletkult (Cultura Proletaria), como decorador y director. Bajo la influencia de Meyerhold montó obras experimentales, como El mexicano, adaptada de un relato de Jack London; Máscara antigás; y El sabio, incorporando a su puesta en escena la proyección de un cortometraje filmado por él. Su ideal escénico del «espectáculo total» lo encontrará precisamente en el cine, el que aborda como teórico y como creador. Después de publicar un texto sobre el «montaje de atracciones», que revoluciona los conceptos sobre esa técnica cinematográfica, realiza conforme a esos principios su primera obra para la pantalla, La huelga, en 1924. Su tema era la lucha revolucionaria y en ella incluía metáforas visuales (obreros masacrados por la policía, alternado con las faenas de sacrificio en un matadero) y un ritmo en la acción hasta entonces inéditos en el incipiente arte cinematográfico.
En 1925 Eisenstein realiza la que ha sido considerada su obra más importante: El acorazado Potemkin. Al evocar la Revolución Rusa de 1905, con un protagonista colectivo y una estructura en forma de sonata, lleva a su máxima expresión la estética del cine mudo, con sus concepciones de «ritmo visual» y «montaje rítmico y tonal», creando un lenguaje altamente estilizado.
Su siguiente estreno, Octubre, (1927), fue un homenaje a la Revolución Bolchevique de 1917 y su guión se basó en Los diez días que conmovieron al mundo, del periodista John Reed.
En 1929 estrena La línea general o Lo viejo y lo nuevo, filme sobre la realidad agraria de su país. Al año siguiente viaja a Hollywood, donde estudia el incipiente cine sonoro. En 1931 empieza a filmar Que viva México, un monumental fresco sobre la Revolución Mexicana producido por Upton Sinclair, quien interrumpe el rodaje al año siguiente y vende a otro productor el material filmado por Eisenstein.
De regreso a Moscú inicia la filmación de El prado de Bezin, obra también inconclusa debido a maniobras burocráticas. En 1936 Eisenstein realiza Alexander Nevsky y al año siguiente se le concede la «Orden de Lenin», la más alta distinción de su país, por el conjunto de su obra.
En un breve retorno a la escena dirige y diseña la escenografía y el vestuario de Las Walkirias, de Wagner, en el Teatro Bolshoi.
En 1943 dirige lván el Terrible, evocando el reinado de lván IV, quién, en el siglo XVI, luchó por la unificación rusa contra el poder feudal. En su segunda parte, La conspiración de los Boyardos, realizada en 1945, experimenta por primera vez con la utilización del color.
A su labor creativa, Eisenstein añadió una presencia fundamental como teórico de gran lucidez y erudición. Eisenstein falleció en Moscú en febrero de 1948.
PALABRAS DE EISENSTEIN
«El patriotismo y la resistencia nacional al invasor: he aquí el tema de nuestro filme. Leyendo conjuntamente las crónicas del siglo XIII y los diarios de hoy, se pierde conciencia de la diferencia en el tiempo, puesto que este horror sangriento en que sumieron al siglo XIII las hordas de caballeros invasores no se distingue de lo que ocurre actualmente en cierto s países del mundo.»
«La atribución del título de santo a Alexander Nevsky reviste el sentido de una prueba, la prueba de que el pensamiento profundo de este hombre veía más lejos y más profundamente que la acción, que este individuo de genio , que este jefe militar pensaba claramente en una gran Rusia unida. También el pueblo sentía este presentimiento ante esta gran figura histórica.»
Cuando Eisenstein decide realizar en 1936 su primer filme sonoro, ya ha resuelto que el sonido no será un mero agregado naturalista a la imagen. En sus análisis de los primeros filmes sonoros, en su estudio de la tecnología en Hollywood, en su infatigable búsqueda experimental de la creación estética, el realizador descubre el potencial expresivo de este nuevo elemento en el lenguaje del cine. De ahí surge Alexander Nevsky, este filme ejemplar en el encuentro de la imagen y el sonido. Para llevar adelante sus teorías del «contrapunto sonoro», del «montaje vertical», Eisenstein va a recurrir al más importante compositor de su país, Serguei Prokofiev, con quien trabajará simultáneamente en el guión y el rodaje, buscando la exacta correspondencia entre la banda de imágenes y la del sonido. Se trata de un filme épico y esa épica surgirá en una partitura que más tarde adquirirá autonomía en la forma de cantata.
Tanto el equilibrio estructural logrado en la composición de la imagen y su correlato musical, como el género asumido plenamente por Eisenstein, resultan determinantes en la apreciación de este filme.
Como El acorazado Potemkin y Octubre, Alexander Nevsky no es un filme histórico, sino épico. Si toma un hecho histórico como base, lo hace en la medida en que ese género prefiere exponer hechos conocidos por todos -según lo advirtiera Walter Benjamín-, «en los que la tensión apunta menos al desenlace que a los acontecimientos particulares.»
Tampoco se trata de reproducir la realidad en su detalle, sino lograr más bien sucesivas síntesis de ésta, mediante un proceso de estilización que -como ocurre en el teatro épico de Brecht- cree una suerte de «distensión épica». Era también la opción más acertada para abordar al personaje protagónico. Canonizado por la Iglesia Ortodoxa Rusa, San Alexander Nevsky estaba profundamente incorporado a la iconografía, mitología, leyenda, en la tradición cultural rusa. La sabiduría popular lo había ya hecho símbolo y es en esa dimensión que lo proyecta el realizador, transformándolo en héroe épico. A diferencia del héroe trágico, como en el teatro griego o en Shakespeare, el héroe épico -como El Cid o el de las obras de Schiller- es de una sola pieza, sin contradicciones, paradigma de virtudes y ejecutor de pruebas y hazañas. El Nevsky de Eisenstein está colocado por encima del resto de los mortales – no hay una aproximación psicológica a él- y como contrapunto se presenta a dos héroes también legendarios, Vassily Bouslai y Gavrilo Oleksitch, representativos del «alma popular» y compitiendo en bravura por una muchacha.
Como los soldados sin rostro que disparan sobre la multitud en El acorazado Potemkin, los caballeros teutónicos son cuerpos anónimos cubiertos con cascos y corazas, dispuestos como una máquina impersonal de destrucción. Sin palabras, Eisenstein describe su estrategia y las alternativas de la célebre batalla del lago congelado, llevando a su culminación el uso, magistralmente integrado, de composición plástica, montaje de imágenes y sincronización de éstas con los diversos temas musicales que animan la partitura de Prokofiev.
«Sin una visión concreta de las personas y las acciones, los actos, las situaciones recíprocas, no es posible fijar en el papel su modo de proceder. Se mueven incesantemente ante los ojos. A veces, de manera tan palpable que, sin abrir los ojos, parece que podrían ser fijados en el papel… Aparecen los esbozos. No son una ilustración del guión… A veces son la anotación con creta de la percepción que deberá surgir de la escena; con la mayor frecuencia, búsquedas. Versión taquigráfica en dibujos: no pretender ir más allá.»
(S. Eisenstein)
