VOLVER A EMPEZAR
JOSE LUIS GARCI
Nacido en Madrid hace 39 años, José Luis Garci alterna su actividad como director de cine con la de escritor. Durante los años sesenta se desempeña como crítico de cine en las revistas especializadas «Signo», «Aún», «Cinestudio», «SP» y «Reseña». En 1969 obtiene el Premio del Circulo de Escritores Cinematográficos »A la mejor labor literaria».
En 1970 se inicia como guionista de cine y televisión, con títulos como La casa de las chivas, No es bueno que el hombre esté solo, Vida conyugal sana, La mujer es cosa de hombres. Con La cabina, un mediometraje escrito para la televisión, obtiene el premio Emmy en 1973, en EE.UU. Con La Gioconda está triste recibe varios premios en el festival de televisión de Montecarlo.
Co-fundador del movimiento cinematográfico «Tercera Vía», escribe el guión de su película más representativa: Los nuevos españoles, ganadora del premio al mejor guión de 1974.
Se inicia como realizador de cortometrajes en 1975; año en que dirige ¡Al fútbol!, Mi Marilyn y Tiempo de gente acobardada.
En 1977, Garci realiza su primer largometraje: Asignatura pendiente, exhibida el pasado año en nuestro país y en la que aborda ya el tema de la recuperación del pasado y tos efectos de la Guerra Civil y la dictadura franquista sobre las actuales generaciones. En 1978 dirige Solos en la madrugada, referida a la transición del gobierno de Franco al régimen democrático, película que fu era prohibida en la mayor parte de los países latinoamericanos. En 1979 realiza Las verdes praderas, referida a las frustraciones y nostalgias de un burgués de la España de hoy.
En 1980, junto al productor José Esteban Alenda, funda la empresa productora Nickel Odeon S.A. y estrena el cortometraje documental Alfonso Sánchez, su película preferida. Ese mismo año obtiene el «Premio Luis Buñuel al mejo r nuevo director de la década del setenta».
El crack, realizada por Garci en 1981, ha sido considerado el primer filme negro español y en él adapta a la realidad de su país los mecanismos del thriller género muy apreciado por el realizador a partir de su admiración por cineastas como Hawks y Hitchcock.
Con Volver a empezar recupera la comedia sentimental al estilo de Leo McCarey, otro de sus directores favoritos.
Como escritor, José Luis Garci ha publicado: »Bibidibabidibú» (relatos de ciencia ficción), «Ray Bradbury, humanista del futuro» (ensayo), «Adam Blake» (ficción), “Cine de Ciencia-Ficción” (ensayo critico), «La Gioconda está triste y otras extrañas historias» (ficción), “Los mejores años de nuestra vida”, relato que obtiene el Premio «Puerta de Oro».
VOLVER A EMPEZAR (Begin the Beguine)
En momentos en que el cine comercial oscila entre la espectacularidad, lo apocalíptico y la extravagancia, este filme resulta, al menos, un remanso en que se conjugan sentimientos auténticos a través de un discurso púdico y sereno.
Volver a empezar se sitúa en esa corriente del nuevo cine español decidido a un ajuste de cuentas con el pasado franquista. Pero ese ajuste de cuentas, como en otros filmes de este periodo (Las Largas Vacaciones del 36, Retrato de Familia), opera de manera indirecta. En el caso de Volver a empezar se trata de destinos individuales cuyo proyecto de vida se vio truncado por la Guerra Civil.
Similar perspectiva asumía Asignatura Pendiente, el otro filme de José Luis Garci estrenado hace poco en nuestro país. Pero mientras éste estaba referido a la propia generación de Garci, Volver a empezar nos habla de los que ahora tienen sesenta años y persiguen la recuperación de un pasado por la vía de la nostalgia.
Su protagonista es un exiliado, profe sor de literatura de la Universidad de Berkeley, en EE.UU., quién, después de obtener el Premio Nobel de Literatura, regresa a Gijón, la ciudad de su juventud y de sus sueños perdidos. Allí están el paisaje, las viejas calles y construcciones, los amigos, el club de fútbol en el que jugó alguna vez con brillo y está, sobre todo, Elena, la amada de juventud de quien lo separara la guerra.
Aquejado de una enfermedad que ha puesto plazo a su vida, Antonio revive con ella el pasado que les fuera arrebatado. Para Elena y Antonio, pese a sus años, este reencuentro significa vivir una relación que reivindica el amor en toda su plenitud.
Con estos elementos, de decidida raigambre melodramática, Garci elabora una obra intimista, cuyo tono menor no excluye el rigor de una observación atenta y sensible. En una puesta en escena clásica, serena, en un relato directo y lineal, todo el pasado de los protagonistas es evocado en imágenes actuales, a través de paisajes inmutables, en la rememoración de la melodía del primer encuentro (el célebre » Begin the Beguine » de Cole Porter con el que Garci ha subtitulado el filme), escuchada en distintos registros.
No hay en el filme «flash backs» o escenas del pasado, sino que éste surge del diálogo, simple, conciso, sobresaltado por una que otra cita literaria. Precisamente en esta austeridad de recursos expresivos, en esta capacidad de dotar de interés un material narrativo aparentemente opaco, Garci demuestra su dominio del lenguaje fílmico.
La integración de ese amor crepuscular a un paisaje de melancólica belleza, el montaje narrativo y funcional, los movimientos de cámara indispensables (como aquel alejamiento que aísla a la pareja en una mesa solitaria teniendo como fondo un paisaje otoñal), son los elementos con que el director confiere a su historia una delicada intensidad emocional.
Mención aparte merece la dirección de actores. «Levedad» sea tal vez la expresión adecuada para calificar la expresividad de Antonio Ferrandis y Encarna Paso en sus diálogos, gestos, movimientos, cuyo mejor momento sea quizás el de la sugerencia de la postergada relación sexual, ejemplo de pudor, ternura y emoción.
Garci es capaz de sortear con altura, y a la vez ausencia de pretensiones, situaciones tan convencionales como aquella en la que Antonio revela a su amigo Aoxu (José Bódalo) su enfermedad incurable. Todo se resuelve con una simple sucesión de primeros planos de ambos interlocutores y la tensión de la situación deriva de sus miradas, sus pausas, las modulaciones de sus voces, en suma, de la habilidad con que Garci ha sabido poner en imágenes la sabiduría del dolor expresada en esos rostros ajados y serenos.
Un humor algo estereotipado (el obsequioso e insoportable gerente del hotel) no logra romper el equilibrio del filme, sino que más bien refuerza los vínculos de Antonio con la realidad cotidiana.
En Volver a Empezar José Luis Garci ha efectuado una pudorosa incursión en los sentimientos, el paso del tiempo y, en última instancia, en el sentido de la vida, sin estridencias ni tragedias mayores, sino con discreción y afecto.
JOSÉ ROMÁN
¿Cómo surgió la Idea de Volver a empezar?
«Tengo mucho cariño por la gente mayor, y aunque en Asignatura Pendiente hablaba de las personas de mi generación, me encanta la vitalidad de aquellos que eran jóvenes hace cuarenta años. Tenían fe en la vida y amor en las cosas. Los que pertenecían a la generación del 27 en poesía. Creo que seria interesante volver a empezar, con el encanto. Porque del desencanto hemos pasado al catastrofismo». JOSE LUIS GARCI
