Tiempo de morir
Un hombre sale de prisión tras dieciocho años de encierro y vuelve al pueblo donde se convirtió en asesino de un provocador. Los hijos de éste lo esperan pero el encuentro es también largamente aguardado por una ex-novia convertida en viuda y otros vecinos que miran expectantes lo que prevén habrá de ocurrir.
Es casi inevitable pensar en Crónica de una muerte anunciada porque García Márquez vuelve a escribir una historia en la cual de antemano se sabe lo que pasará y por lo cual la tensión creada no está en la resolución del asunto sino en cómo el mismo se va trasladando, en el devenir previsible de los acontecimientos pero con el designio casi fatalista de que cada uno debe cumplir con la marca del destino. De ahí que haya otros elementos que juegan con el protagonismo de los personajes de carne y hueso: las calles, los espacios vacíos, los rostros inexpresivos o asustadizos, forman parte del espejo sobre el cual se refleja el enfrentamiento final entre el ex-preso y los hijos del asesinado.
No hay muchas situaciones para bordear ese nudo central. García Márquez prefiere despojar la historia de derivaciones secundarias para concentrar sus baterías sobre la permanente búsqueda de víctima y victimario sin que ninguna de las partes quiera entrar de lleno a la resolución del asunto. Por eso el recuerdo de Crónica de una muerte anunciada, aunque la única diferencia de ese inevitable devenir está en que Tiempo de morir guarda una última carta que resuelve en el enfrentamiento (saber quien muere, quien mata) pero sin que ello sea instigador de intrigas. Para que la gente se transforme en testigo y acusador imperturbable de una tragedia, el director Jorge Ali Triana busca un entorno lo más realista posible, con escenarios que no fueron adaptados (se filmó en varios poblados, entre ellos Armero, arrasado por el volcán Nevado del Ruiz) sino encontrados a lo largo del río Magdalena. De ahí que el asunto adquiera un cierto arquetipo de tragedia griega, donde los dioses son sustituidos por un pueblo, un contexto social, que en cierta manera obliga a los personajes a enfrentarse y morir.
Es posible observar en el libreto una abierta participación en los esquemas del western pero sería demasiado simplista reducir, por lo dicho, el asunto a esos términos. Lo cual no quiere decir que el libreto de García Márquez, rodeado de una inevitable aureola mítica ayudada aun más por la colaboración del también escritor celebrado Carlos Fuentes, no peque por lo simple de algunas situaciones y por lo literario de algunos dialogados. No está demás observar que en los países de Centro América y el Caribe se criticó la utilización de un español sin color local por parte de los actores, en parte colombianos, en parte cubanos. Pese a tales flaquezas es justo señalar que ésta Tiempo de morir es quizá la mejor adaptación de una obra de García Márquez al cine, mérito para no desdeñar si se tiene en la memoria todos los intentos por trasladar al célebre escritor: el frío trabajo de Ruy Guerra en Eréndira, los altibajos con que Jaime Humberto Hermosilla construyó María de mi corazón.
Lo increíble es que esta película, que es la primera del cine colombiano en tomar a García Márquez, es la tercera adaptación que se hace de la obra literaria. La primera se hizo en 1965 por el mexicano Arturo Ripstein, con notoria precariedad de medios, cuando parecía nacer un cine mexicano independiente. Pero la segunda versión ya es colombiana, salvo que no se hizo en cine sino para televisión y en 1983, apenas un año antes de iniciar los rodajes de esta versión que ahora se estrena y que planteó por lo pronto bastantes exigencias de producción.
Texto publicado en el Boletín de la Cinemateca Uruguay a Nº 150, junio, 1987.
Jorge Ali Triana
Nació en Bogotá en 1942, hijo de uno de los grandes pintores de Colombia (Jorge Elías, Triana). Desde temprana edad se aficionó a la pintura y desde los trece años se vinculó a la televisión, medio en el que ha trabajado intensamente hasta el presente. Estudió teatro y cine en la Academia de Artes Superiores de Praga. A su regreso a Colombia funda el Teatro Popular de Bogotá, donde realiza cuarenta montajes de obras nacionales e internacionales, dirigiendo fundamentalmente a los grandes clásicos (Dostoievsky, Shakespeare, Moliere, Pirandello, Brecht), destacando los montajes de «I Took Panamá», «La muerte de un viajante» y «Tartufo».
Paralelamente a su labor teatral dirige televisión: un espacio de una hora semanal sobre la historia de Colombia y la serie «Bolívar, el hombre de las dificultades», en cuarenta capítulos y que ha sido exhibida en todo el continente. Este trabajo televisivo lo aproxima al cine, para el que ha realizado tres cortometrajes sobre las llamadas obras de caridad (Dar de comer al hambriento, Y así todos los días, Enterrar a los muertos) y un episodio del largometraje Las cuatro edades del amor.
Tiempo de morir, con el que ganó el principal galardón («Tucán de Oro») en el Segundo Festival de Cine de Río de Janeiro, es su primer largo cinematográfico, pero no es su primer encuentro con García Márquez, ya que antes, hizo una versión de «En este pueblo no hay ladrones» para televisión.
Palabras de Jorge Ali Triana
«Cada vez que leo la obra de García Márquez, la relaciono con ese mundo cotidiano de los pueblos desolados y sin esperanza, donde la gente se muere de nostalgia. La genialidad que yo le atribuyo a la manera de observar ese mundo, por parte de García Márquez, es que él le da una dimensión poética, enrarecida, a lo cotidiano. El propósito nuestro al hacer la película no fue el de ilustrar la creación literaria, sino penetrar en la misma forma que lo ha hecho en la esencia de ese universo, que lo extraño, que lo mágico, que lo poético surgiera naturalmente sin forzarlo, sin efectismos. Resumiendo, que lo más increíble sea verídico.»
