Tercer ciclo de amigos del Cine arte, Cine británico

Tercer ciclo de amigos del Cine Arte

“Cine Británico” Auspiciado por el Instituto Chileno Británico de Cultura

 

Después de ese breve renacimiento del cine inglés, conocido como «free cinema», en la década del sesenta, la identidad cultura l de esta cinematografía pareció diluirse en un cosmopolitismo coincidente con la emigración de sus principales figuras y la jibarización de su industria.

Es así como sus «jóvenes rebeldes» Tony Richardson, John Schlesinger y Karel Reisz se incorporan al cine norteamericano y otro tanto hacen veteranos más conservadores como David Lean, Anthony Asquith, John Guillermin y Guy Hamilton, en lo que el director del National Film Finance Corporation llamó «no sólo una fuga de cerebros, sino de almas». El director canadiense Norman Jewison, incorporado también al cine norteamericano, se preguntaba: ¿cómo es posible que siendo británicos gran parte de los realizadores del cine norteamericano casi no exista un cine británico? ¿Qué ocurrió con más de 50 años de experiencia británica en cine?

La respuesta puede hallarse, en parte, en el dominio de la industria norteamericana, especialmente en los países de habla inglesa, que se ha materializado en la instalación de las grandes productoras, como la Metro Goldwin Mayer, a través de filiales en Inglaterra. Por otra parte, el progresivo aumento de los costos de producción ha derivado en la proliferación de complejas co-producciones sin nacionalidad definida. Finalmente, la necesidad de expandir sus mercados ha determinado a las productoras británicas a buscar provocar un impacto en Norteamérica, amoldándose a sus requerimientos, puesto que sólo en EE.UU. y Canadá obtienen un 50% de sus recaudaciones.

Este fenómeno no impide que surjan nuevas figuras, como Alan Parker (Expreso de Medianoche) y Ridley Scott (Los Duelistas) rápidamente asimilados por la industria norteamericana. Tampoco es rara la paradoja de que las productoras británicas contraten a un norteamericano, como David Lynch, para dirigir una película típicamente inglesa como El Hombre Elefante. Sin embargo, grandes éxitos como el de Hugh Hudson con Carros de Fuego, John Boorman con Excalibur o Richard Attenborough con Gandhi, sitúan a los realizadores británicos en la primera fila de los artesanos adaptados a la industria, capaces de ofrecer un producto eficaz sin pretensiones autorales o innovadoras.

El presente ciclo pretende ser representativo de la variada gama que ofrece el actual cine inglés. Dos directores consagrados en EE.UU., regresan en sendas co-producciones: John Schlesinger con Amor sin Retorno y John Boorman con Excalibur. Ignorado por el público y subvalorado por la crítica, Jack Gold (Ases del Aire, Un Hombre llamado Viernes) es uno de los más talentosos realizadores británicos surgidos en los últimos años. Esporádico cineasta, indiscutido genio teatral, Peter Brook ha filmado siempre experiencias insólitas como El señor de las moscas, Marat-Sade y Encuentros con Hombres Notables . Dos “re-makes” o nuevas versiones de clásicos del cine británico se incluyen como representativas del cine de género: La Dama Desaparece; de Anthony Page y Breve Encuentro, de Alan Bridges.

JOSE ROMAN

 

AMOR SIN RETORNO (“YANKS”)

Durante la Segunda Guerra Mundial, gran cantidad de tropas norteamericanas son enviadas a Inglaterra para hacer su entrenamiento. El contacto de los reclutas con la población autóctona ofrece diversas facetas, que van desde la aceptación al rechazo y que nos entregan algunos rasgos de la idiosincrasia de ambos pueblos.

Al ambientar con exactitud su filme en la década del cuarenta, el director asume también el estilo y el tono de los dramas sentimentales de la época, con sus desencuentros, equívocos y diversas expresiones de la fatalidad. En su tratamiento se percibe en Schlesinger una recuperación de su espíritu de observación de lo cotidiano, una especie de reposada melancolía y una sobriedad que había perdido en sus películas norteamericanas.

 

ENCUENTROS CON HOMBRES NOTABLES (“MEETINGS WITH REMARKABLES MEN”)

Inspirándose en el libro homónimo de Gurdjieff, Brook construye una obra fundamentalmente didáctica sobre la vida del maestro orientalista. Como en el libro, describe a través de sucesivos episodios las experiencias que Gurdjieff extrajo de su contacto con diversas personas que lo encauzaron en su largo y penoso itinerario hacia el conocimiento.

Toda la pureza y la obstinada humildad en la búsqueda de su personaje se traducen en el filme de Brook en imágenes límpidas, simples, abiertas como una mirada que busca que las cosas se revelen por sí mismas. De este modo, la información sobre creencias, ritos, música, costumbres cotidianas, fluye como algo integrado profundamente al relato.

 

EL HOMBRE ELEFANTE (“THE ELEPHANT MAN”)

Basándose en la documentación de un caso real, el de un ser monstruoso poseedor de una fina sensibilidad y una delicadeza de espíritu privilegiada, el director norteamericano David Lynch analiza a la sociedad victoriana y sus más profundas deformaciones. En ella, la aparición de un hombre de caracteres físicos anormales precipita la manifestación de todos los prejuicios y tendencias destructivas: el miedo a lo diferente; la asociación de Merrick con un animal, signo de una cultura disociada de la naturaleza; el lucro inescrupuloso; la obsesión científica carente de orientación moral.

Con un estilo reposado y exacto, Lynch ha creado una obra interesantísima, pródiga en ideas y sugerencias.

 

ASES DEL AIRE (“ACES HIGH”)

Tanto el título como las apariencias externas de esta película parecen caracterizarla como una superficial aventura bélica, pero el director Jack Gold introduce un nivel de reflexión sobre los hechos mostrados que relativiza la aparente exaltación del heroísmo y de los valores tradicionalmente puestos en juego en esta clase de cine. Pero aunque proyecta una mirada amarga y desencantada sobre la guerra, no se plantea a priori como una crítica, sino que ésta deriva del registro concreto de las conductas de los protagonistas. Estos no son antihéroes, ni personajes contestatarios prefabricados. Aparecen como seres humanos con virtudes y limitaciones, en los que el valor es la contrapartida del miedo, en que las hazañas nacen de un clima de desesperación y desencanto de rara intensidad.

 

LA DAMA DESAPARECE (“THE LADY VANISHES”)

Esta nueva versión de la película de Hitchcock de 1938 lleva la algo desvaída sombra del maestro en tema y estilo. Se trata de una compleja intriga en la que un «inocente» se ve progresivamente atrapado, en una especie de pesadilla organizada, donde las apariencias se superponen a los datos de la realidad, implantando el reinado de la ambigüedad y de la simulación.

Como en gran parte del género policial, lo importante es su estructura interna, la manera en que encajan las piezas del rompecabezas y las dobles vueltas y golpes de sorpresa que nos va dando el relato y no un ajuste estricto a la lógica de la vida. Page demuestra artesanía y manejo de los recursos del thriller y un humor británico de buena ley.

 

EL MISTERIO DE AGATHA CHRISTIE (“AGATHA”)

Esta «imaginaria solución a un auténtico misterio» no se sitúa necesariamente en el clima policial que se desprende de las obras de la escritora inglesa, aunque sí en las suntuosas recreaciones de ambiente que sugieren. La reconstrucción de la Inglaterra de 1920, lograda por el escenógrafo Shirley Russell y por el director de fotografía Vittorio Storaro son, sin duda, los logros mayores del filme. Tanto Vanessa Redgrave, en el rol de la escritora, como Dustin Hoffman, interpretando al reportero norteamericano atrapado por la fascinación de ésta, logran transmitir el discreto y superficial encanto de una anécdota algo vacía.

 

EXCALIBUR

El ambicioso empeño del realizador John Boorman por abordar el ciclo de leyendas sobre el Rey Arturo, los caballeros de la Mesa Redonda, el mago Merlín y la búsqueda del Santo Graal lo lleva a un tratamiento de situaciones y personajes sinóptico y algo esquemático. No obstante ello, Excalibur constituye el intento más serio de llevar a la pantalla a estos personajes de la leyenda y la antigua literatura anglo-sajona y normanda.

Tras la estilización de vestuarios, decorados, arquitectura y paisajes que conduce al filme directamente al reino de lo fantástico, Boorman enfatiza el carácter onírico-freudiano subyacente en la peripecias por las que atraviesan los personajes. Una excepcional plana de actores anima con propiedad a esos seres solemnes y apasionados extraídos de la leyenda.

 

BREVE ENCUENTRO (“BRIEF ENCOUNTER”)

Es ésta la tercera versión cinematográfica de una obra de Noel Coward cuyo precedente más célebre es la versión de David Lean (Lo que no fue, 1946) considera da un clásico de la cinematografía británica.

La historia, de un marcado sesgo intimista, cuenta el encuentro de una pareja ya madura que debe ahogar los impulsos de su pasión ante las presiones del medio. El trabajo interpretativo de Richard Burton y Sophia Loren, hecho de emociones contenidas y delicados matices, contribuye a vitalizar una puesta en escena más bien plana y lineal.

CRÍTICAS

Archivos Normandie es un archivo patrimonial digital que pone en valor la crítica cinematográfica y la programación del Cine Arte Normandie entre 1982 y 2001.


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El Cine Arte Normandie forma parte del patrimonio cultural de Santiago al rescatar lo más valioso del cine nacional e internacional que se estrena en Chile.