Con el auspicio de la Embajada de Australia
Desconocido hasta hace muy pocos años para nosotros, el cine australiano tiene una tradición que se remonta prácticamente a los orígenes del cinematógrafo. Una industria eficiente se consolida a partir de los años treinta, revelándose en sus cineastas una particular habilidad para conciliar una impecable calidad técnica con temáticas de éxito comercial. Ello permite la construcción de una sólida infraestructura capaz de entregar una producción altamente profesionalizada.
La competencia de la producción extranjera y la existencia de un mercado interno reducido para la producción nacional, conduce a la depresión de la actividad cinematográfica entre 1940 y 1970.
Diversas circunstancias contribuyen, a partir de esa fecha, al renacimiento de la cinematografía australiana. El gobierno laborista impulsa, a partir de 1972, una activa participación del Estado en el financiamiento de la producción de películas, a través de la Austalian Film Commission. El resultado es que en nueve años se realizan más de ciento treinta largometrajes. Pero lo importante para la supervivencia de la industria es la captación de mercados extranjeros, especialmente el norteamericano, donde películas como Misterio en las rocas colgantes, La última Ola, Patrick y Mad Max se transforman en éxitos de taquilla.
Simultáneamente, un grupo de realizadores jóvenes se hace eco en sus filmes de las inquietudes vigentes en el país a comienzos de los años setenta: la Guerra de Vietnam, los debates sobre los derechos humanos, la ecología, el feminismo, la sexualidad , la política interna, las drogas, temas cuyos tratamientos se veían favorecidos por la reciente liberalización de la censura.
Junto con la creciente búsqueda de la identidad nacional en sus aspectos históricos, sociales, étnicos y culturales, la cinematografía australiana de la última década evidencia una especial aptitud para revitalizar el cine de géneros, alcanzando al mismo tiempo una notable solvencia artesanal y una originalidad que lo distingue de sus modelos, especialmente ingleses y norteamericanos.
El realismo social, en el que se inscribe un tercio de su producción, constituye una de las más características manifestaciones de esa búsqueda de la identidad nacional, ya sitúe los filmes en el pasado (Te llamaré Caddie, The Chant of Jimmie Blacksmith) o en el presente (La fiesta de Don). Pero no podemos sustraer de ese proceso de indagación en la realidad australiana a filmes históricos como Juicio a Los Héroes o Gallipoli, ni tampoco a películas situadas en el género fantástico como La Última Ola o Arlequín, en la primera de las cuales se emprende una seria incursión en lo étnico y antropológico; y en la segunda, una crítica política.
Incluso cintas cercanas al thriller y al género de aventuras, como Mad Max y Peligro, Reacción en Cadena, centran su preocupación en problemas ecológicos y en las deformaciones del poder en la sociedad, con una visión pesimista y apocalíptica.
Cualquiera que sea el género que traten en sus filmes, las figuras más representativas de la cinematografía australiana: Peter Weir (Misterio en las rocas colgantes, La última ola, Gallipoli), Bruce Beresford (La fiesta de Don, Juicio a los Héroes), Donald Crombie (Te llamaré Caddie), Gill Armstrong (Mi brillante carrera), George Miller (Mad Max), Simon Wincer (Escondite mortal, Arlequín), tienen en común el dominio del lenguaje cinematográfico, un rigor estético que vincula a algunos de ellos a los clásicos norteamericanos y europeos y la lucidez y el inconformismo que caracteriza a las cinematografías jóvenes. JOSE ROMAN
MISTERIO EN LAS ROCAS COLGANTES
La novela de Joan Lindsay, inspirada en un hecho real, acaecido en 1900, sirve de base al director Peter Weir para elaborar un filme centrado en el misterio de lo inexplicable. Un grupo de colegialas desaparece durante una excursión a una montaña. Lo mágico y premonitorio,
[…] a lo desconocido, las relaciones entre las muchachas y sus maestras, los complejos y equívocos afectos, son barajados por Weir con delicadeza y un interés que no decae.
Filme ubicable en el ámbito de lo fantástico, no descuida la certera observación social y psicológica.
JUICIO A LOS HEROES<
Ubicada en la época de la sangrienta Guerra de los Boers (1899), librada entre Gran Bretaña y los colonos holandeses de Sudáfrica, la película trata críticamente la participación de Australia en dicho conflicto. El consejo de guerra contra tres militares australianos acusados de la matanza de un grupo de prisioneros constituye el eje dramático de la historia. La reconstrucción de los hechos debatidos va exponiendo la red de intereses militares y políticos que rodean el juicio, una farsa que transforma a los victimarios en víctimas de turbios intereses. Beresford se confirma en esta cinta como un realizador de seguro oficio y capacidad para tratar temas complejos.
LA ÚLTIMA OLA
Situado en el género fantástico o de anticipación, este filme centra su relato en un secreto vinculado a antiguas leyendas, creencias religiosas y formas de percepción extrasensorial de los aborígenes australianos. Sutilmente, Weir alude a la dialéctica cultura dominante-dominada y a sus derivaciones sociales, mostrándonos un mundo racialmente escindido, en el que conviven forzadamente formas culturales antagónicas. La atmósfera mágico-onírica del filme, muy bien lograda por el realizador, tiene como trasfondo una concepción apocalíptica del destino de la humanidad.
ARLEQUIN
Combinando los mecanismos fantásticos con el relato realista y crítico, el filme trata de un personaje enigmático -mezcla de artista y mago- dotado de poderes sobrenaturales, que irrumpe en el seno de una familia de alta burguesía en Sydney, modificando profundamente las relaciones entre sus miembros. La figura del padre, un político de carrera ascendente, manipulada por oscuros poderes, permite a Wincer el registro testimonial y crítico que conduce a la reflexión social.
GALLIPOLI
Basándose en un hecho histórico real, el filme narra el enfrentamiento de las tropas australianas ·con las fuerzas turcas, aliadas de Alemania, durante la Primera Guerra Mundial. Con sobriedad y precisión, Weir nos relata las vidas de los jóvenes campesinos australianos empujados a enrolarse por el Imperio Británico en una guerra que no les concierne, hasta su holocausto en la playa turca de Gallipoli. Sin ningún forzamiento discursivo, el realizador nos comunica las características demenciales de la experiencia de la guerra.
TE LLAMARE CADDIE
Retrato de una época (fines de los veinte y comienzos de los años treinta), este filme es también una incursión en la intimidad de una mujer enfrentada a una crisis que se manifiesta en términos individuales y sociales. El filme no rehúye la dureza de esta realidad, pero evitando la complacencia en la sordidez o el melodramatismo.
La trayectoria de Caddie, mesonera de bares, preocupada de sus hijos, sus experiencias sentimentales, los pequeños dramas y vivencias de los seres que la rodean, van configurando la historia de una vida a la vez; que el cuadro de una sociedad, con un lenguaje fílmico limpio, transparente, cuya humildad y sobriedad parecen representar la exacta correspondencia cinematográfica del personaje que constituye el eje del filme.
MI BRILLANTE CARRERA
La película se centra en el personaje de Sybylla Melvyn, hija de un agricultor empobrecido, quien rechaza la vida grisácea a. que la destina su condición social y anhela una vida dedicada al arte y la plenitud existencial. La directora Gillían Armstrong recrea con eficacia y sutileza la sociedad australiana de fines del siglo pasado, con sus costumbres y tradiciones. La opción de su protagonista entre su vocación creativa y su realización afectiva constituye el conflicto fundamental del filme. En el marco de una excelente reconstrucción de época, la actriz Judy
Davis compone un personaje intenso, reivindicador de un auténtico feminismo.
