La luna
La luna es el octavo largometraje de Bernardo Bertolucci, una de las figuras más destacadas en el cine italiano actual y realizador, entre otros títulos importantes de El conformista (1970) – único filme suyo exhibido anteriormente en nuestro país – y de El último tango en París y Milnovecientos.
Las películas de este directo (nacido en 1941) se desenvuelven habitualmente en dos planos, correspondientes a la expresión de lo histórico y lo individual, lo colectivo y lo personal, con acentuaciones diversas sobre cada uno de estos ámbitos según cada obra específica. En este sentido, La luna parece ser el filme más intimista de Bertolucci, con un marcado carácter de drama familiar y con un énfasis más notorio en la aproximación psicoanalítica al tema. En todo caso el psicoanálisis es siempre una clave importante en el cine de Bertolucci (como ya se podía apreciar en El conformista). En este caso, esta forma de análisis – sin constituir nunca una exposición puramente didáctica sino la base sobre la que se edifica una refinada construcción estética – opera con un motivo clásico de la psicología: el Edipo, que en la situación específica del filme contiene una matiz importante: la ausencia del padre.
La luna es, por eso, una obra que habla de un vacío y de una búsqueda, la del adolescente cuyo padre falta, provocando un desequilibrio que lo aproxima a la madre, por un lado, y, que buscará superar por diversos medios (la droga, por ejemplo). Y es aquí donde Bertolucci trasciende ampliamente el enfoque limitado del psicologismo, para hacer de esta obra una especie de metáfora estilizada de algunos problemas cruciales de la juventud contemporánea, de la desesperación y el vacío que subyacen en la sociedad moderna. El estilo brillante, fuertemente expresivo de Bertolucci, subraya el rasgo de la estilización, creando un relato casi onírico, atravesado por ráfagas de lirismo, en el que el dramatismo de los conflictos llega a una intensidad poco común, pero en el que también existe una posibilidad de reconciliación (o de redención). Bertolucci parece afirmar la importancia del arte como posible respuesta y es por ello que éste ocupa un lugar importante en el filme y que constituye, también, un homenaje a la ópera, a Verdi y al paisaje de Parma en el que éste compuso la totalidad de su obra.
