BERNARDO BERTOLUCCI
Nació en Parma, en 1941. En su adolescencia empieza a escribir poesía y en 1956 rueda su primera película, un corto mudo en 16 mm. titulado II Teleferico. Al año siguiente filma La morte del maiale, un reportaje sobre una costumbre loca l que más tarde incluiría en Novecento.
Estudia Literatura Moderna en la Universidad de Roma y traba amistad con Pier Paolo Pasolini a quien secunda, como asistente de dirección, en su primer largo: Accattone, realizado en 1961. Al año siguiente, Bertolucci toma un proyecto abandonado por Pasolini, La Commare Secca y lo transforma en su primer largometraje, el que es presentado en el Festival de Venecia. En 1964 realiza Prima della Rivoluzione, una obra ya plenamente lograda temática y estilísticamente con la que obtiene en Cannes el Premio de la Joven Crítica y el de la Asociación Internacional de la Juventud.
Partner, realizada en 1968, está basada libremente en El doble, de Dostoiewsky y en ella se reconoce la influencia estilística de Godard.
En 1969 realiza La Strategia del Ragno, una adaptación del relato Tema del traidor y del Héroe, de Jorge Luis Borges, el que sitúa en la época de la Italia fascista. Al año siguiente adapta la novela de Moravia El conformista, situada también en esa época, logrando un filme de un refinado barroquismo visual.
Sin duda la película más polémica dirigida por Bertolucci es El último tango en París, realizada en 1972, debido a su desinhibido erotismo. Pero detrás del escándalo y de la estupidez de los censores, se encuentra la coherencia del mundo de Bertolucci, con su vehemencia trágica y su elegancia de estilo.
El éxito económico de este filme, permite a Bertolucci realizar su monumental Novecento (1900), estrenada en 1976, con 5 horas y media de duración y dividida en dos partes. En ella sigue la trayectoria de una familia campesina durante los principales acontecimientos históricos en la Italia de comienzos y mediados de siglo.
En 1979 realiza La luna y en 1981 La tragedia de un hombre ridículo, en la que aborda el tema del terrorismo en relación con los conflictos generacionales y la nostalgia por un pasado al que se ha traicionado.
LA LUNA
Se han señalado con insistencia las influencias más notables que han actuado sobre el cine de Bertolucci: Pasolini, Godard, Visconti, literatos como Stendahl y Flaubert y, desde luego, el melodrama, como género obligado en la obra de los más célebres directores italianos.
Esta última aparece especialmente subrayada en La luna, tanto por su desarrollo argumental, como por el oficio de su protagonista principal, Caterina, una cantante de ópera. La exasperada y pasional relación con su hijo, la existencia de un pasado secreto, el reencuentro con su antiguo amante, hacen de su vida una prolongación de las vidas ficticias que interpreta en escena y no sin cierto humor, Bertolucci establece esa simetría atrevida que permite una alimentación recíproca y les confiere a ambos un sentido.
El tema central del filme es, desde luego, la relación filial, la que directa o indirectamente recorre todo el cine del realizador italiano. El complejo de Edipo se desencadena en Joe en circunstancias propicias y en cierto modo insólitas: ha perdido a su presunto padre y convive con su madre en una relación amor-odio que no excluye sentimientos como los celos y una aproximación física que llega al contacto sexual (en la copia exhibida en Chile fueron cortadas las escenas que describen una relación directamente incestuosa).
El personaje de Joe se desarrolla en torno a una dolorosa educación sentimental que resume algunos de los rasgos característicos de la crisis de la juventud contemporánea: indecisión sexual, drogadicción, carencia de objetivos vitales. Casi con ironía, Bertolucci nos entrega transparentes claves freudianas: al comienzo, Joe, de pequeño, observa llorando el baile de sus padres mientras se enreda con un ovillo de lana. Más tarde, el recuerdo del episodio le ayudará a buscar a su verdadero padre.
Como siempre en el cine de Bertolucci, sus personajes son seres inquietos que se desplazan de un punto a otro. Esto permite al director una compleja puesta en escena, con elaborados movimientos de cámara, planos-secuencias y una acción indirecta, plena de sobreentendidos y soluciones intempestivas. Esa tendencia a eludir la aproximación frontal, a delinear el drama mediante rodeos y una soltura narrativa que está tanto en la fluidez de la cámara como en la espontaneidad de los diálogos, hacen del cine de Bertolucci un espectáculo fascinante y envolvente, dirigido a la inteligencia y a los sentidos, capaz de actuar, como sólo lo han conseguido los grandes del cine, en ese difícil ámbito de la emoción inefable que no excluye la lucidez.
José Román
BERNARDO BERTOLUCCI
«Lo que puede haber de autobiografía en la Luna está sustancialmente en la secuencia previa a los créditos, la confrontación de esas dos imágenes: la luna y la madre. De todos modos, nunca se terminará con la autobiografía: si usted le cierra la puerta, entra por la ventana. Conscientemente o no, todos los hombres tienen fantasmas incestuosos, no necesariamente con sus madres, sino con una tía, por ejemplo, como Fabrizio en Prima della Rivoluzione. Las relaciones entre los dos filmes son, me parece , bastante evidentes. En la secuencia final de los dos filmes , hay como una tela de araña de miradas que se traban entre los protagonistas. Mi filme se refiere explícitamente a la ópera, al melodrama Incluso, y no es por casualidad que la heroína es una cantante; el filme está construido sobre una serle de juegos de espejos donde la vida y el escenario de la vida se confrontan en la escena de la ópera.
Freud no gusta del cine, pero su cine personal eran los sueños que le contaban sus pacientes. El cine y el sueño están muy próximos uno al otro.
Mis películas son siempre construidas por sedimentaciones que se interdividen, pues son, no sé decir si muy ricas o generosas, por lo cual las significaciones son siempre múltiples. En suma, es muy difícil que una cosa quiera expresarse sólo a sí misma en mis filmes; una cosa quiere decir siempre muchas otras cosas y frecuentemente, su contrario».
