KAGEMUSHA “LA SOMBRA DEL GUERRERO”
Nacido en Tokio. en 1910. Akira Kurosawa es un realizador de primera línea no sólo dentro de la cinematografía de su patria, sino a nivel mundial. Se inició como director en 1943. después de una intensa labor como guionista para otros realizadores. De su obra, muy mal conocida en nuestro país. se sabe que consta de 27 largometrajes, en los que ha alternado asuntos situados en el pasado medieval de Japón con otros en que aborda temas y ambientes contemporáneos.
Kurosawa es guionista o co-guionista de la casi totalidad de sus obras. Confiere gran importancia a la elaboración previa de sus filmes, los que acostumbra rodar con varias cámaras, para después someter ese material a un intensivo trabajo en la etapa de montaje. Ha perfeccionado así un estilo muy personal, caracterizado por el absoluto dominio de la técnica y por la fluidez narrativa, estilo que revela la asimilación de los aportes del cine occidental (John Ford y Jean Renoir en particular), los que integra en la tradición del cine nipón, respecto del cual se sitúa como continuador e innovador a la vez.
El gran éxito internacional de Rashomon (1950) lo hizo conocido en Occidente. Otras obras suyas exhibidas en Chile han sido Los siete sarnurais (1954), La fortaleza oculta (1958) -brillantes dramas épicos- y Vivir (1952), extraordinaria película sobre los últimos meses de vida de un funcionario público, considerada por muchos críticos como su obra maestra.
Hombre de vasta cultura, ha adaptado también obras occidentales: El idiota (1951, basada en Dostoievsky); Trono de sangre (1957, sobre Macbeth, de Shakespeare) y Los bajos fondos (1957, inspirada en Gorki) Su carácter independiente lo llevó a enemistarse con los productores, por lo que su actividad se discontinuó desde fines de los años 60. Sus últimas películas han sido Dodeskaden (1970), Derzu Uzala (1974) y Kagemusha. De sus proyectos para el futuro se sabe que trabaja en una adaptación de Rey Lear, de Shakespeare.
KAGEMUSHA
Ya en la vejez, el maestro Akira Kurosawa nos entrega con Kagemusha una obra majestuosa en que la percepción de los problemas humanos es desarrollada en su doble vertiente de lo individual y lo colectivo. La idea del doble -un miserable bandido que reemplaza al jefe del clan más poderoso del país- propicia una aproximación hacia temas como los de la identidad y la relatividad de los roles sociales y hacia una reflexión ética en profundidad. Por otra parte, Kurosawa se empeña en una reconstrucción documentada y minuciosa de la sociedad de la época (el Japón del siglo 16, desgarrado por las luchas entre señores feudales), relacionando el drama individual del «kagemusha» o doble con el ámbito de lo social y lo histórico.
Es en esta interrelación donde la obra de Kurosawa adquiere una dimensión mayor, plasmada en plenitud en los fragmentos finales de la película. La noción del transcurso inexorable del tiempo. que iguala en la muerte a débiles y poderosos, es planteada por el director en un tono reflexivo. Contemplativo, que termina por configurar al filme como un discurso sobre la vida y la muerte, sobre el destino y la fugacidad de las ambiciones humanas.
Este planteamiento de ideas está imbuido de un sentimiento crepuscular, melancólico, que inevitablemente trae al recuerdo las grandes obras de un cineasta admirado por Kurosawa: el americano John Ford. Como él, el cineasta japonés nos hace participar por igual de la grandiosidad épica y del sentido de su precariedad. Kurosawa sitúa al espectador como testigo de una sucesión de hechos que culminan la obra en forma trágica y solemne, con especial énfasis en el heroísmo del bandido, quien se sacrifica en un acto que no tiene sentido para nadie más que para él mismo. Aquí también, como en el cine de Ford, el director privilegia al personaje marginal, al olvidado por todos, para extraer de su conducta el testimonio de una lección moral.
Es estilo de Kurosawa se basa en la construcción rigurosa de imágenes de gran belleza plástica, articuladas en una narración pausada, solemne. El relato alcanza zonas culminantes en las extensas secuencias de las dos batallas, donde Kurosawa realiza un tratamiento cinematográfico sorprendente: el montaje en ellas opera sobre todo por omisión, sugiriendo más que mostrando. Los combates no son descritos en su integridad, sino significados a través de acciones secundarias o por sus efectos sobre los personajes. Especialmente notable, en este sentido, es la batalla final. cuyos momentos decisivos son expresados por primeros planos sobre el rostro del bandido que asiste, impotente, a la derrota del clan de Shingen.
Esta opción revela que lo importante para Kurosawa es el hombre antes que el registro externo de hechos espectaculares. Podría decirse que en este filme el maestro japonés ha logrado realizar su antigua aspiración, manifestada en esta declaración suya, de la época en que realizó Los siete samurais: »Una película de acción puede ser sólo una película de acción. ¡Pero qué cosa más maravillosa si puedo intentar al mismo tiempo pintar la humanidad! Ha sido mi ilusión desde la época en que era ayudante. Desde hace diez años deseo volver a replantear el drama antiguo bajo este nuevo punto de vista».
SERGIO SALINAS R.
«Para filmar una misma escena utilizó dos, tres, cuatro y hasta cinco cámaras que fotografían al mismo tiempo, lo que contraría todas las costumbres de los estudios japoneses. La ventaja de este método es que permite conservar una perfecta continuidad en la acción y abrir para el montaje posibilidades muy grandes. Demasiado grandes, pues entonces la elección entre las diferentes versiones de una misma escena se hace muy difícil. Para decidirse es necesario poseer una inspiración continua, más cuando yo repito muchas veces la misma escena. La primera vez tal actor está bien y ese otro está mal. En la segunda es lo contrario, etc. Entonces, ¿cómo decidirse? Este método no siempre he podido utilizarlo. Cuando mis comienzos, no podía disfrutar de tales facilidades. Mi primera tentativa en ese género la realicé con Rashomon, en 1950. Pero casi siempre la mejor toma es la primera».
AKIRA KUROSAWA
