Crónica de una muerte anunciada
La adaptación al cine de una obra de la perfección y exactitud lograda por la novela de García Márquez, no podía sustraerse a la controversia. Un examen por somero que sea del texto del escritor Colombia no nos descubre una materia literaria en la que la palabra juega especialmente con la ambigüedad, el tiempo, las sugerencias, de manera intransferible a otro sistema de significaciones. El cine, por su naturaleza, está obligado a dramatizar, transformar en situaciones y diálogos, lo que en la novela es sólo desvaída evocación o alusión al pasar. La estructura de la novela, una construcción «en abismo», en la que los acontecimientos se entrelazan para converger hacia un final anunciado al comienzo del relato y al cual se vuelve cada cierto tiempo, es respetada por el realizador en todo lo que le permite su opción cinematográfica: realista, directa, des-psicologizada .
En la novela y el filme sabemos que Santiago Nazar será muerto. Lo que interesa son las circunstancias que condujeron a ese crimen ritual. En el filme, Francesco Rosi ha debido introducir a otro personaje que corresponde al propio escritor que va descubriendo los acontecimientos a través de una indagación.
Esto permite a Rosi liberarse de la temporalidad lineal y concebir la historia del crimen como un «racconto» o vuelta al pasado, retornando al presente cada vez que la narración lo requiere. «Es ésta la más literaria ejecución de García Márquez, -dice Rosi- en este libro los personajes raramente hablan, lo que ayuda a crear un filme más visual, pero dificulta explorar en la psicología individual. Debo agregar que García Márquez tiene una fuerte relación con la realidad. La gente habla acerca de lo mágico en su obra, pero eso no tiene nada que ver con la fantasía, con la pura imaginación. Es más bien una cuestión de transposición poética de la realidad circundante.»
Esta declaración quizás explica la opción fundamental en la adaptación de Rosi. Uno de los iniciadores del llamado «nuevo neorrealismo», creó un estilo fundado en la apariencia documental,
aproximándose a la realidad de los acontecimientos como un cronista desapasionado que sólo posee algunos datos de esos acontecimientos. La crudeza de esos datos, la manera de organizarlos
y la filmación en locaciones auténticas dan a su cine esa apariencia de verdad indesmentible (Salvatore Giuliano, El caso Mattei). Manteniendo estas premisas aún en obras de pura ficción (su versión de la ópera Carmen fue rodada en la propia Ronda, donde se supone que ocurren los acontecimientos), Crónica de una muerte anunciada fue realizada en Colombia, en la localidad de Mompox y en Cartagena de Indias, próximas a los lugares en que ocurrieron realmente los hechos, en 1950. Pese al reparto internacional, impuesto por la producción, Rosi filmó con sonido directo, sin doblajes y sus actores (con excepción de Rupert Everett), hablan castellano.
En esta fidelidad documental radican, sin duda, los méritos del filme: la plaza de Mompox es como la percibimos en la novela, con sus blancas fachadas, la señorial casa de los Nazar y el tugurio en que beben los hermanos Vicario; el barco que trae al obispo, la feria en que Bayardo descubre a Angela Vicario, la fiesta de la boda, están filmados con esa plasticidad y exactitud que caracterizan al maestro italiano. Tal vez los rostros conocidos de importantes actores tiendan a diluir la impresión de verdad de esta crónica de un lugar remoto. Pero al menos el sentido de la obra de García Márquez permanece en lo esencial. Para Rosi se trata de: «Tragedia pero no destino. El destino no juega un rol principal en esta historia. Por supuesto hay una sensación de condena cuando la madre cierra la puerta, sin advertir que afuera su propio hijo va a ser apuñalado hasta morir. Pero el énfasis está más en la responsabilidad colectiva, en la carencia de racionalidad en las decisiones que toma la gente».
JOSE ROMAN
