Con el auspicio del instituto chileno-italiano de cultura Filmoarte presenta Ciclo de cine social italiano

CON EL AUSPICIO DEL INSTITUTO CHILENO-ITALIANO DE CULTURA

FILMOARTS PRESENTA

CICLO DE CINE SOCIAL ITALIANO

 

CINE SOCIAL ITALIANO

 

Probablemente la denominación «cine social», tan vagamente generalizante, aplicada al cine italiano difumina aún más sus límites, en cuanto se refiere a una cinematografía en la que la sociedad y sus estructuras ocupan un lugar preponderante. Trátese de tragedias en tono mayor, melodramas, comedias costumbristas o «cine cívico», los conflictos individuales o colectivos, aparecen siempre insertos en un contexto histórico y social preciso, de modo que, como ninguno, el cine italiano ha logrado esa síntesis dialéctica entre el drama de seres singulares y el de las estructuras sociales en que se hayan insertos.

Algunos han visto en la base de esta característica la vocación esencialmente realista del cine italiano. El notable crítico francés André Bazin escribía al respectos «Los filmes italianos son, ante todo, documentales reconstruidos aún cuando lo esencial de su argumento sea independiente de la actualidad. Su acción no podría desarrollarse en un contexto social históricamente neutro, casi abstracto, como un decorado de tragedias cosa que pasa a menudo, en distintos grados, con los filmes americanos, franceses o ingleses.

Se desprende de aquí que las películas italianas presentan un valor documental excepcional, que no puede separarse del guion sin arrastrar con él todo el terreno social en el que hunden sus raíces.

Los filmes italianos… rechazan, implícita o explícitamente, utilizando el humor, la sátira o la poesía, la realidad social que utilizan; pero saben también -hasta cuando toman posiciones muy concretas- no servirse do esta realidad como un medio. El que la condenen no les obliga a emplear con ella la mala fe. No olvidan que el mundo, antes de ser condenable, «es» , simplemente. Lo que voy a decir es probablemente estúpido y tan ingenuo como el elogio que hacía Beaumarchais de las lágrimas del melodrama, pero decidme si al salir de ver un filme italiano no os sentís mejores; si no sentía el deseo de cambiar el orden de las cosas y de hacerlo, convenciendo a los hombres, al menos a los que pueden llegar a convencerse de que solo la ceguera, los prejuicios o la mala suerte son los causantes de que hagamos daño a nuestros semejantes.

Por eso, cuando se leen sus resúmenes, los guiones de muchos filmes italianos no resisten el ridículo. Muy a menudo, al reducirlos a su intriga, no son más que melodramas moralizantes. Pero en el filme todos los personajes existen con una verdad estremecedora. Ninguno queda reducido al estado de cosa o símbolo, lo que permitiría odiarle confortablemente sin haber tenido que superar previamente el equívoco de su humanidad.

Yo estaría dispuesto a considerar su humanismo como el principal mérito, en cuanto al fondo, de los filmes italianos actuales.

(André Bazin, ¿Qué es el cine?)

 

EL LARGO BRAZO DE LA LEY

 

(Premio “David de Donatello” al Mejor Filme y Premio a Giuliano Gemma a la Mejor Interpretación en el Festival de Karlovi-Vary)

 

En la historia de la represión en Italia hay un lugar especial para Cesare Mori (1872-1942) el prefecto que tuvo la ilusión de destruir la mafia siciliana en la segunda mitad de los años veinte usando y abusando de los plenos poderes entregados a él por el Duce (Mussolini). Buscando documentos inéditos, como buen historiador que da importancia a los secretos de los archivos, Arrigo Petacco ha iluminado en su libro “Il Preffeto di Ferro” (El prefecto de hierro”) la desilusión que amargó a Mori en los últimos años de su vida: la de no haber podido, pese a sus métodos fuertes y duros, quebrar el poder de la mafia alta, mimetizada y escondida bajo la máscara del fascismo. Este aspecto de la historia se encuentra en la película de Squitieri quizás simplificado por las necesidades del espectáculo popular. El hecho de haber confiado el papel protagónico a Giuliano Gemma, divo de los “spaghetti-western”, crea alrededor del “prefectísimo” una atmósfera de sheriff buen mozo e indorrotable. De este modo El largo brazo de la ley se acerca en parte a las primeras películas de gran compromiso social de Francesco Rosi (Saqueo a la ciudad, El caso Matttei) y en parte al ingenuo maniqueísmo de Pietro Germin (En nombre de la ley, El ferroviario y evita los riesgos de un discurso más profundo. Se parece a un western siciliano y deja en el espectador la sospecha de que detrás de la figura del super-carcelero de fierro se esconde algo que Squitieri no supo o no quiso decir.

SILVIO GIACHINO

Oficina Cultural – Embajada de Italia

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