Bye Bye Brazil

AUTOR: José Román
PELICULA: Bye Bye Brazil
TÍTULO ORIGINAL: Bye Bye Brazil
AÑO ESTRENO: 1980
DIRECTOR: Carlos Diegues

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CARLOS DIEGUES

Nació en Vitória, Espirito Santo , en mayo de 1940. Comenzó como cineclubista e hizo periodismo universitario. Sus primeras experiencias cinematográficas fueron cortos en 16 mm. Fuga (1960) y Domingo (1961). Desde sus inicios formó parte del movimiento conocido como «cinema novo” que renovó la cinematografía brasileña oponiéndose al comercialismo y la frivolidad y buscando la

identidad nacional a través del reportaje, la historia y la exploración en un mundo mítico y poético.

En 1962 realizó un episodio del filme colectivo Cinco Veces Favela: Escola de Samba, Alegría de Viver, en el que abordaba el tema de la marginalidad. Su primer largometraje, Ganga Zumba, data de 1963 y narra una insurrección de esclavos en la época colonial. En 1966 vuelve al tema urbano con A Grande Cidade.

Su carrera se hace cada vez más importante dentro de la cinematografía brasileña, con filmes como Os Heredeiros (1969), Cuando o Carnaval llegar (1972), Joana a Francesa (1973), con Jeanne Moreau y Chuvas de Verao (1977), ninguno de ellos estrenado en Chile. Con Xica da Silva (1976) reaparece en nuestras pantallas, demostrando la exuberante vitalidad de su cine y su capacidad de reflexión histórica y de riqueza poética.

 

BYE BYE BRASIL

Aunque en su mismo título y en su dedicatoria: «Al pueblo brasileño del siglo XXI», la película anuncia una mirada irónica sobre la realidad brasileña, las múltiples «lecturas» que nos propone hacen de este filme una obra rica y compleja.

Narración itinerante, sigue a través de diez ciudades (Piranhas, Altamira, Belem, Brasilia y Río, entre otras), la trayectoria de la «Caravana Rolidei» , un pobre grupo de artistas transhumantes que recorre el país con sus números musicales y de magia. A los «artistas», Lord Gitano, Salomé y Andorinha, seres marginales por naturaleza, se unen Cico y Dasdó.

Por una parte, el filme nos describe el conflicto de la Caravana Rolidei con la

realidad externa , en cada una de las etapas de su viaje: el país invadido por la televisión hasta sus

últimos rincones , que priva al grupo de su público. Su contacto con los habitantes de las ciudades y pueblos informa a los protagonistas -y al espectador- de una realidad contradictoria: el nuevo Brasil que se construye en base a la penetración extranjera, formas de trabajo esclavizantes, bombardeos y matanzas de las tribus aborígenes para introducir el «progreso». A través de la familia indígena que sigue a la caravana en parte de su trayecto, asistimos al proceso de aculturación, enajenación y pérdida de identidad del Brasil ancestral.

Por otra parte. el filme penetra a fondo en las relaciones y conflictos que a través del viaje progresan entre los integrantes de la caravana. La pasión de Cico por Salomé y sus pretensiones de exclusividad, eje del conflicto, constituye el principal exponente de la diversidad de ambos mundos: el de la realidad cotidiana, popular, «normal», representado por Cico y Dasdó , y el de la aventura, el riesgo, la magia, encarnado en Lord Gitano y Salomé (ellos jamás se despojan de su maquillaje de la representación).

En ningún momento Diegues exalta estas formas de vida, como expresiones ideales o sugiriendo una opción. Sus personajes apenas escapan a la sordidez por el humor y la sublimación poética. Seres derrotados, Lord Gitano y Cico no vacilan en prostituir a sus mujeres para salir del atolladero, y en la aceptación de éstas no es posible ver solamente una actitud de pasiva alienación.

Contradictorios, miserables y altivos, farsantes y lúcidos, angélicos y demoníacos, Lord Gitano y Salomé constituyen una poética expresión de los misterios de la condición humana. Interpretados por José Wilker (el célebre Vadinho de Doña Flor) y Betty Faria, una de las más dotadas actrices brasileñas, se inscriben en esa prodigiosa galería del «realismo mágico» de la narrativa latinoamericana.

Carlos Diegues, que ya había escudriñado el Brasil colonial en Xica da Silva, hace del paisaje otro

protagonista activo, en su alternancia de barroca vegetación, desérticos caseríos, abigarradas urbes, que exponen ese mundo de contradicciones expresado en su nivel geográfico.

En el momento en que Dasdó da a luz en medio de la selva (en plena Carretera Transamazónica) y sólo se escucha la agreste multiplicidad sonora, Diegues alcanza uno de esos momentos en que un filme consigue llegar a la categoría de obra mayor.

JOSE ROMAN

 

Palabras de Carlos Diegues

«Bye Bye Brasil es un filme sobre un país que comienza a acabar, para dar lugar a otro que acaba de comenzar. No sé decir exactamente lo que comienza ni lo que acaba. Registro apenas ese momento excepcional, ese límite, a través de la historia de cuatro personas que, como cualquiera de nosotros, se procuran un lugar en el espacio de lo nuevo. Su lugar en la vida.

Y la vida hoy, en este país, brota a veces de manera extraña, en un encuentro del arcaísmo con el modernismo , en una cohabitación del atraso con el progreso, de la pobreza con la riqueza, de lo viejo con lo nuevo. Siempre me excitó saber que tenia la suerte de vivir en un país que también podía mudar su destino, a partir de sus propias contradicciones.

Eso no es nacionalismo , ni optimismo. Es apenas esperanza.

Bye Bye Brasil es también un filme sobre las relaciones entre las personas. Como casi todos mis filmes, sobre las posibilidades de ser feliz con otra persona. No es posible, ni preciso, sofocar siempre aquello que se ama. El amor no debe ser una coarta da para la apropiación de otro; el amor que contiene esa noción de propiedad total («yo soy tuyo, tú eres mía» , «por toda la vida», etc.) es tan reaccionario, opresor e inhumano como un campo de concentración. Es preciso comprender que la única relación posible es aquella en que dos personas se aproximan sin tornarse una. El amor es el respeto al otro, a su libertad y energía propias.

Encuentro que hice de Bye Bye Brasil mi filme más cinematográfico. Estoy cansado de ese cine retórico , discursivo y chato que se ha estado haciendo desde fines de los años 50 a esta parte. No tengo ya nada que ver con la tradición literaria de ese cine, con su intencionalidad y su necesidad neurótica de probar alguna cosa.

Pero más que nunca defiendo un cine radical de acción y emoción, musical y tenso, temporal, que tenga pasión por su instrumento (el filme) y no lo use como pretexto vergonzante para hablar de otras cosas. Un espectáculo audiovisual de alta ficción que no le tema a su espejo – la realidad. Pero es sabido que a la realidad se entra por muchas puertas. De dentro para afuera, de afuera para adentro, etc.

El cine puede servir apenas para dar conciencia , que es apenas una consecuencia inevitable de cualquier filme. El cine debe también dar placer, que es una santa y noble misión social. Una real prueba de amor a los otros. Cada vez más constato que las dos condiciones básicas del trabajo revolucionario son la curiosidad y la esperanza.

La curiosidad nos mantiene activos, sabedores que la primera verdad no es una verdad definitiva. La esperanza, simplemente, nos mantiene vivos.

Así como es preciso decir adiós a un Brasil que no existe más, para poder preparar al que ha de venir y parar de razonar como un intelectual romántico del siglo XIX, en las vísperas del siglo XXI, es preciso, también , fundar un nuevo cine para los años 80, prepararse para la llegada del tercer milenio. Y vivir esa aventura sin preconceptos.

Carlos Diegues Septiembre del 79

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