Adiós a los niños

AUTOR: José Román
PELICULA: Adiós a los niños
TÍTULO ORIGINAL: Au revoir les enfants
AÑO ESTRENO: 1987
DIRECTOR: Louis Malle

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Adiós a los niños, Louis Malle

Ganadora del «León de Oro» del Festival de Venecia y de siete premios «César» en Francia (incluido el de mejor director), Adiós a los niños le ha significado a Louis Malle un celebrado regreso a su país después de su periplo norteamericano de más de diez años. Pero también ha comprendido otro retorno menos público y más ligado a una época de su país, a sus raíces socio-culturales y -lo más importante- a una experiencia real vivida en su infancia.

A diferencia de otros realizadores que empiezan su carrera narrando historias autobiográficas, para Malle debieron pasar treinta años de experiencia como realizador antes de atreverse a relatar el episodio que conmoviera su infancia y lo lanzara probablemente -según confiesa- en el camino del arte. Sin duda valió la pena esa espera, en cuanto nos encontramos con una obra depurada, precisa, pudorosamente emotiva. En ella el realizador ha llegado al pleno dominio de sus recursos expresivos y a la perfección de un estilo que se caracterizó siempre por la contención, el laconismo, la propuesta «a revelar» tras un relato aparentemente frío y distanciado.

La historia, como Lacombe Lucien (1974), la última película que realizara antes de emigrar a EE.UU., se desarrolla en la Francia ocupada por los nazis. En un colegio católico cercano a Fontainebleau, son recibidos tres muchachos judíos para ocultarlos de la Gestapo. Uno de ellos, -el presunto Jean Bonnet- traba amistad con Julien -personificación del realizador en su infancia-, relación que será trágicamente interrumpida por los verdugos de entonces.

La construcción lineal y simple de esta anécdota, centrada en la observación de los datos de la realidad cotidiana, incluye, no obstante, esa manifiesta capacidad de Malle para sugerir la interioridad de sus personajes y entregar información fundamental sobre el espacio social.

El claroscuro ambiente de la niñez en el colegio, emerge con su entrañable y alegre irreverencia, pero también con los mecanismos de crueldad, exclusión, agresividad, que caracterizan el mundo infantil. El propio Julien recibe a Bonnet con el rechazo de quien teme al rival mejor dotado. Su curiosidad por descubrir la verdadera identidad del niño judío no tiene nada de solidaria o compasiva y la amistad de ambos llegará sólo como el resultado de un proceso.

El medio burgués al que pertenece Julien se manifiesta tanto en los feligreses que rechazan el sermón que apela a la justicia social, del padre Jean, como en la simplicidad desprejuiciada y benevolente de la madre de Julien. En el otro polo de la escala social, Joseph, el «humillado y ofendido», víctima de la burla y la discriminación, que termina por transformarse en un delator, es un personaje cercano a Lacombe Lucien, el desclasado convertido en instrumento del poder represivo de la Gestapo.

Como siempre en Malle, la realidad aparece como una estructura compleja, plena de paradojas, contra dicciones y un definitivo sin sentido.

JOSE ROMAN

El realizador

Louis Malle nació en Thumeries, en el norte de Francia, en 1932. Siguió estudios en la Sorbonne y en el I.D.H.E.C. (Instituto de Altos Estudios Cinematográficos). Fue co-realizador con Jacques-lves Cousteau de El mundo silencioso, un documental sobre las profundidades marinas, (1953-56).

En 1956 se desempeñó como asistente de Robert Bresson en Un condenado a muerte se ha escapado. Su primer largo argumental data de 1957: Ascensor para el cadalso, según una novela de Noël Calef, que lo situaba en esa tendencia de la «nouvelle vague» que revaloraba el «género negro» como una escritura personal y renovadora.

Su siguiente película, Los amantes, lo lanza a la fama y al escándalo. Se trata de una exaltación del «amor loco» y contra las convenciones burguesas, por la que obtuvo el «León de Plata» en el festival de Venecia de 1958. Con Zazie en el metro (1960), adaptada de Raymond Queneau, se aproxima al delirio surrealista y al humor del absurdo.

En Vida privada (1961), incursiona en el mito de la «estrella de cine» a través de Brigitte Bardot, en un relato elíptico y vanguardista. Adaptando al controvertido Drieu La Rochelle, realiza, con Fuego fatuo (1963), una obra tan austera como intensa que relata los últimos momentos de un suicida.

Después de una concesión a la gran producción, Viva María (1965), un sarcasmo sobre las  dictaduras militares latinoamericanas, realiza El ladrón (1966), filme anárquico y melancólico sobre un rebelde social que roba para atacar el «establishment».

Al elogiado documental Calcuta (1969), desconocido en Chile, sigue Soplo al corazón (1971), en la que aborda el fenómeno del incesto en una familia burguesa, con lucidez e ironía. A continuación dirige un par de documentales (Humain, trap humain y Place de la République) y en 1974 Lacombe Lucien, retrato de un colaboracionista en la Francia ocupada y sus implicancias morales y sociales.

Después de la controvertida Black Moon (1976), Malle emigra a los EE.UU., donde realiza Pretty Baby (1978), patética pero nada moralista visión de la prostitución infantil en la Nueva Orleans de 1917, en la que juzga con ferocidad a una sociedad basada en el lucro y la explotación.

En 1980 dirige Atlantic City, sensible incursión en la decadencia y la marginalidad en la sociedad norteamericana. Desconocidas en Chile son sus siguientes producciones norteamericanas: My dinner with André (1981), Crackers (1984), Alamo Bay (1985) y The Pusuit of happiness (1986).

La obra de Malle, caracterizada por el hálito trágico y desencantado de historias en las que deambulan rebeldes, marginados y solitarios, ha estado siempre presidida por la seriedad de su visión del mundo y la eficacia de sus recursos narrativos.

 

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