ASI ES LA VIDA
En la obra del prolífero realizador norteamericano Blake Edwards podemos apreciar una progresiva madurez expresiva que se manifiesta ejemplarmente en Así es la vida.
A medida que su cine se hace autorreferente, su humor se tiñe de colores sombríos y su reflexión desemboca en un desencanto difícilmente transable. Toda la satisfecha prosperidad de la sociedad norteamericana, el mundo del éxito y la fortuna, la familia, el sentido de la vida, son puestos en tela de juicio por este cineasta inconformista y lúcido, que es capaz de examinar desde dentro estas contradicciones, asumiéndolas como alguien profundamente involucrado en ellas y, por lo tanto, capaz de expresar risa y dolor, piedad e ironía.
Si en 10, la mujer perfecta, asistíamos a la «crisis de los cuarenta» experimentada por su protagonista , aquí aparece patéticamente acentuado el tema de la vejez, el sentimiento de la decadencia física y de la proximidad de la muerte. Pero a la vez su protagonista, Harvey Fairchild, es un arquitecto de éxito que ha logrado la fortuna y un hogar equilibrado y normal. Sin embargo, el sentimiento de su declinación lo lleva a cuestionar también su situación como creador en un medio dominado por la dictadura del dinero y la vulgaridad. Al igual que en Se acabó el mundo percibimos la frustración del propio Edwards como artista, con su vida hipotecada por una industria para la cual ha debido hacer no pocas concesiones.
Este marco auto-referencial se hace explícito: el filme fue rodado en su propia casa en la playa de Malibú, junto a su esposa Julie Andrews actúan sus propios hijos, así como un hijo de Jack Lemmon y la esposa de éste, Felicia Farr.
El filme no se detiene solamente en la peripecia existencial de Farchild, un irritable hipocondríaco que provoca tanta risa como exasperación. Su esposa Gillian espera en secreto los resultados de exámenes médicos que podrían detectarle un cáncer. En este contrapunto en el que a través del patético Harvey da cuenta de la debilidad humana, mediante la discreta Gillian entrega un testimonio de fortaleza y dignidad y le permite a Julie Andrews alcanzar probablemente el mejor papel de su carrera.
Como en otros de los filmes de Edwards, la acción gira en torno a una festividad, en este caso, la fastuosa fiesta de cumpleaños de Harvey, que contrasta con el estado de ánimo de éste, al percibir los estragos de sus sesenta años. Este eje espacial y temporal permite al realizador confrontar diversidad de personajes y situaciones: los hijos del matrimonio y sus respectivos acuerdos y desajustes con la vida, sus amigos y relaciones, logrando un rico y bien equilibrado mosaico del sofisticado mundo del espectáculo y la intelectualidad californiana.
La maestría de Edwards en lograr filtrar a través de un humor a veces desinhibido y vulgar los dolores, desdichas y temores de sus protagonistas ha sido suficientemente reconocida. Lo que se revela además en este filme es su veta más interesante: la del intenso analista de las relaciones humanas.
JOSE ROMAN
