ROMERO
Si atendemos a las características que rodean la producción de este filme vemos que se aparta decididamente de las tendencias dominantes en el actual cine norteamericano. Producida por Ellwood E. Kieser, un sacerdote católico a cargo de «Paulist Pictures», una de las entidades encargadas de las comunicaciones de esa Iglesia, esta película va más allá de la hagiografía o del mero reportaje documental sobre la vida del arzobispo salvadoreño. Para dirigir el filme, los productores eligieron a John Duigan, un australiano desconocido en EE.UU., pero que había dado muestras de una particular sensibilidad en su país con el filme The Year My Voice Broke. Un reparto de puertorriqueños, norteamericanos y mexicanos y locaciones en Cuernavaca, podrían haber hecho esperar una más de las tantas falsificaciones perpetradas por Hollywood en Latinoamérica. Fue el prejuicio que asumió cierta crítica, cuando no el prudente silencio ante un filme que denuncia hechos bastante generalizados en nuestro continente y que los medios conservadores se obstinan en negar o relegar a un cómodo olvido.
Pero si bien es cierto Romero reconstruye sin eufemismos la brutalidad de un régimen autoritario basado en premisas político -económicas que bastante conocemos, a lo que apunta fundamental mente es a iluminar el proceso de toma de conciencia de su protagonista. Toda la progresión narrativa del filme se centra en la gradual transformación que va experimentando un sacerdote conservador, aplicadamente prudente, cautelosamente sordo ante la violencia política de su país, que termina siendo empujado por la inevitabilidad de los acontecimientos a asumir un rol protagónico en la lucha por los derechos fundamentales de sus fieles, víctimas de la violencia del contubernio oligárquico castrense de El Salvador.
En la primera parte del filme, vemos al obispo Oscar Romero confrontando al padre Rutilio Grande, que ha asumido totalmente el compromiso con los pobres de su país, con actos que constituyen un desafío a la autoridad militar. Más tarde lo veremos juzgando con severidad la «teoría de la liberación». A través del desarrollo de esos conflictos, el filme va definiendo el carácter de Romero, sus contradicciones, dudas y certezas. Acontecimientos como el asesinato de su amigo en una emboscada de grupos paramilitares, van impulsando al pastor a elevar su voz y a hacer su relación con el poder político cada vez más confrontacional, pero siempre en el marco de sus convicciones de rechazo a la violencia incluso como método defensivo, lo que no impedirá su inmolación en defensa, precisamente, de esas convicciones.
El poder de persuasión con que el tema de una conciencia que evoluciona es conseguido en el filme se debe en no poca medida a la interpretación de Raúl Julia, el actor puertorriqueño que logra imponerse sin los tics «Actor’s Studio», tan a la moda, dotando a su personaje de una dignidad inconmovible, en la que se percibe un depurado proceso de identificación con el personaje que encarna. La sobriedad y contención con que el actor envuelve su caracterización es la que rige también una puesta en escena que elude la espectacularidad o las tensiones dramáticas demasiado subrayadas. Incluso ciertos diálogos algo simplistas o didácticos se sostienen gracias a la limpidez de un relato que va al grano, como una prosa despojada y austera. Pese a situarse entre esas historias – de acuerdo a la clasificación de Jean-Claude Carrier cuyo desenlace es conocido por los espectadores, el director Duigan consigue transmitirle una permanente tensión y hacer de ese proceso de conciencia una experiencia no ajena a la emoción.
JOSÉ ROMÁN
EL REALIZADOR
John Duigan es un cineasta australiano, aunque nacido en Inglaterra, donde su padre había sido destinado durante la Segunda Guerra Mundial. Duigan inició su carrera como actor en la Universidad de Melbourne y después de aparecer como intérprete de varias películas debutó como realizador con The Firm Man. En 1978 dirigió Mouth to mouth y en 1981 la galardoneada The Winter of Our Dreams. Más tarde realizó Far East e ingresó luego a Kennedy Miller Films, la productora más importante de Australia. Para ella dirigió la serie de diez horas de duración Vietnam que en 1987 obtuvo el mayor rating de la televisión australiana. Ese mismo año realizó The Year My Voice Broke, que obtuvo los premios a la mejor película, el mejor director y el mejor guión de la Academia Australiana del Cine.
En 1988 Duigan dirigió Fragments of War: The Story of Damien Parer. Con la excepción de Romero ninguno de los otros filmes de Duigan ha sido exhibido en Chile.
