CINE ARTE NORMANDIE, SEGUNDO CICLO DE AMIGOS DEL CINE ARTE
«CINE POLICIAL FRANCES»
Bastaría remontarse a las seriales de Feuillade, con sus célebres Fantomas y Judex para encontrar las raíces de la vocación del cine francés por el misterio. Cercanas están también unas fuertes raíces literarias: Leo Malet, Georges Simenon, Boileau y Narcejac, Fréderic Dard, son la respuesta gala a la tradición anglosajona.
Fueron precisamente los franceses quienes bautizaron como «género negro» esa especial derivación del policial en que los pasos de la investigación y el género deductivo se hacen secundarios ante una realidad social y psicológica observada con pesimismo y lucidez. Para los franceses esa poética de la fatalidad estaba ya en escritores como Pierre MacOrlan y de su «realismo poético» derivaría el énfasis que hace diferente el género en relación a sus cultores de Norteamérica.
No puede desconocerse, sin embargo, la influencia que un Dashiell Hammett tuvo a uno y otro lado del Atlántico. Cuando los realizadores de la «nouvelle vague» reinvidicaron el género, en la década del sesenta, lo hicieron evocando al cine norteamericano y a realizadores como Hitchcock, Lang, Welles, Huston.
Por otra parte, Truffaut adaptaba a David Goodis (Disparen sobre el pianista) y William lrish (La novia vestía de negro, La sirena del Mississippi); Chabrol lo hacía con Ellery Queen (La década prodigiosa) y Godard pedía un préstamo el héroe de Peter Cheyney (Alphaville).
La simbiosis parece iniciarse cuando un norteamericano exiliado, proveniente del cine negro, Jules Dassin, se incorpora a la cinematografía francesa adaptando a un clásico francés del género (Auguste Le Breton y su Rififí entre los hombres). De hecho, pese a la predilección de los nueva olistas por las novelas norteamericanas, no le han faltado fuentes de inspiración al cine negro francés (Grisbi, de Jacques Becker, basado en Albert Simonin; Ascensor para el cadalso, de Louis Halle, en Noel Caleff; Los ojos sin rostro, de Georges Franju, en Jean Redon; Profecía de un delito, de Chabrol, en Frederic Dard, etc.
Si los presupuestos del género negro están presentes en el cine francés: un hecho criminal, análisis psicológico, estudio social, progresión en base al suspenso, relativización moral, ambientes marginales, escepticismo y fatalismo, estas dos últimas características se dan con mayor énfasis. Del mismo modo, el erotismo adquiere un rol preponderante, tal como ocurría en las novelas del norteamericano James Cain, pero que el cine de ese país, constreñido por el Código Hays de censura, no había logrado expresar cabalmente en imágenes.
Resulta destacable la persistencia con que el género se ha mantenido vigente en Francia, mientras en Estados Unidos tiende a desaparecer de su producción por largos períodos, a lo que se agrega su cultivo por especialistas como Jacques Deray, José Giovanni (también novelista), Yves Boisset, Henri Decoin, entre otros, artesanos de desigual trayectoria, pero que buscan por esa misteriosa vía «un conocimiento del corazón humano», como reconociera Jean Cocteau.
José Román
LA CARNE DE LA ORQUIDEA («La chair de l’orchideé).
La carne de la orquídea resulta una obra de atmósferas sugerentes, de personajes y situaciones enigmáticos y sorprendentes. A través de una narración que no explica todo, que deja entregada a la interpretación del espectador la organización de datos fragmentarios o sólo insinuados, el autor logra transmitir la atmósfera de fatalidad y misterio propia de la »serie negra».
Chereau ha adaptado a un ambiente francés una novela «negra» de James Hadley Chase. «Para mí es la mejor novela de Chase, la más original, la más delirante también», ha dicho. Sin duda que en su puesta en escena cinematográfica, Chereau subraya este carácter delirante, pesadillesco, del original literario con un estilo muy expresivo y barroco, que revela la influencia del cine expresionista de Hurnau y Lang y de la obra de Orson Welles, autores hacia los que profesa una declarada admiración.
PROFECIA DE UN DELITO («lnitiation a la mort»/ «Les magiciens»)
Como siempre en Chabrol, la historia policial que vincula a un vidente, un matrimonio desavenido y un millonario aburrido que trama un criminal enfrentamiento, es el pretexto que fundamenta un penetrante estudio de los personajes e induce, desde la conducta de ellos, un planteamiento de ideas dotado de un raro poder de abstracción. En último término, este filme es un conjunto de proposiciones sobre el destino, la muerte, las pasiones y el libre albedrío. Y es, quizás principalmente, una reflexión lúcida y aterradora acerca de la condición de la burguesía, esa realidad social, cultural y psicológica que Chabrol disecciona, obra tras obra, con la paciencia y la exactitud de un entomólogo.
VIOLETTE Y FRANCOIS («Violette et Francois»)
Este filme nos habla de esa juventud que viene de vuelta de la rebelión de mayo del 68 y que rumia su desesperanza en una sociedad en que nada ha cambiado. Frustración, crisis de identidad, oscuros impulsos autodestructivos conducen a Francois a la marginalidad y al delito, a la opción de vivir peligrosamente,
El filme describe con una precisión a ratos bressoniana (evocando a Pickpocket) la técnica de los robos, pero sobre todo con la intención de iluminar los procesos por los que atraviesan el amor de la pareja. Porque es, sobre todo, eso: un filme que traza los límites del amor en una sociedad clausurada.
DIABOLICA TRAMPA («Folle á tuer»)
El director Yves Boisset se mantiene bastante cercano a los fundamentos del género negro. Julie, la protagonista, ha sido sacada de una clínica psiquiátrica para cuidar a un agresivo niño huérfano, heredero de unos millonarios asesinados, A partir de este esquema, Boisset articula con bastante fluidez los elementos narrativos, dando predominancia a la acción y al estudio de comportamientos más que a la intriga policial, la que aparece resuelta antes que medie el filme. El relato se centra en el suspenso y en el análisis de la psicología criminal. La «extrañeza» del ambiente y las circunstancias – muy propias del género – adquieren, también, un valor dramático preponderante.
UNA MARIPOSA SOBRE EL HOMBRO («Une papillon sur l’épaule”)
El protagonista de este filme es el típico «hombre normal» del cine de Hitchcock, arrojado al centro de circunstancias extraordinarias. Los episodios inexplicables se sucederán unos tras otros sin tregua, hasta llegar a un climax que deja todo en el misterio.
Mientras la acción se circunscribe a la descripción de las escenas que van armando el puzzle y de los personajes que se integran a ellas como elementos necesarios del relato, el ritmo progresa y se nota el nervio de una puesta en escena distanciada y cerebral, La ciudad de Barcelona, en la que se desarrolla la acción, llega a transformarse en un símbolo de la inseguridad colectiva.
