JESÚS DE MONTREAL
EL REALIZADOR
Nacido en 1941 en Deschambault, Quebec, Denys Arcand estudió historia en la Universidad de Montreal, graduándose en 1963. Se inició como realizador del National Film Board haciendo cortos sobre la historia de Canadá. Un documental de largometraje, On est au coton, sobre la vida de los trabajadores textiles de Quebec, cimentó su prestigio como director. Más tarde se caracterizará por sus documentales inconformistas y críticos de la política y la sociedad canadiense: Le confort et l’indifference, sobre el referendum de 1980; Passiflora, un caústico filme acerca de la visita casi simultánea a Canadá del Papa y el cantante Michael Jackson; Quebec: Duplessis et apres, sobre un político autoritario y corrupto. En estos filmes destaca uno de los temas más persistentes en la obra de Arcand: el de la traición. La traición en todos los niveles, político, social y personal, atraviesa sus filmes como un leitmotiv del comportamiento humano en nuestros tiempos.
Sus filmes argumentales tienen una estricta continuidad con este período de la carrera de Arcand: La Maudite Galette, Rejeanne Padovani, Gina, son discursos casi periodísticos sobre la corrupción política, el trabajo alienado y la sociedad quebequense.
Pese a haber consolidado un sólido prestigio en los festivales de Cannes y Nueva York. Arcand sólo logró notoriedad internacional con La decadencia del Imperio Americano, con la que obtuvo el Premio de la Crítica Internacional en Cannes 1986 y el del Festival de Toronto de ese mismo año. Aguda autocrítica que tiene como centro a un grupo de intelectuales que dialogan sobre sexo para enmascarar su insatisfacción y mala conciencia, este filme nos reveló a un realizador inteligente, irónico y seguro de su oficio.
JESÚS DE MONTREAL
Esta película le fue inspirada a su realizador por un incidente ocurrido mientras seleccionaba el reparto de su anterior película (La decadencia del Imperio americano). Un actor de barba ofreció afeitarse si era necesario. Pero él estaba interpretando a Jesús en una obra sobre la Pasión que se montaba todos los veranos en el Oratorio de San José, sobre un monte, en el centro de Montreal. Arcand se sintió fascinado por el tipo de trabajo que los actores deben hacer entre contratos para mantenerse vivos artísticamente: desde doblajes de películas pornográficas al francés hasta narración de documentales de televisión.
Jesús de Montreal trata de la posibilidad de mantener la integridad personal en un mundo en el que la realidad es un concepto problemático. Arcand denunció una vez a la sociedad canadiense como «podrida desde el tope a la base» y sus filmes son un reflejo de su sentido moral. No es por accidente ni coincidencia que en el filme su director interprete el rol de un juez.
Por ejemplo, la escena en que el protagonista destruye un estudio de video durante la prueba de un «comercial», debido a su molestia por el trato que el director de reparto está dando a los actores -la escena en que Jesús expulsa a los mercaderes del templo del arte- es recargada y grandilocuente de la peor manera. Pero es el sentido moral el que le da al filme su fuerza.
Las escenas cómicas como la del doblaje porno, parecieran puestas para complacer al público, pero sus resonancias provienen de una profundamente enraizada seriedad, referida a las relaciones humanas en un mundo corrupto.
Arcand no parece escandalizarse con el sacerdote que tiene el rol de productor de la obra sobre la Pasión, por haber violado su voto de celibato tomando como amante a una de las actrices. «Somos, -parece decir-, hombres del mundo». Pero esa traición del voto, revela la debilidad del sacerdote y anticipa su traición a los actores cuando cede ante el poder, que rechaza la nueva versión de la Pasión.
Desplazándose más allá de su claustrofóbico emplazamiento de Quebec hacia más amplios y reconocibles intereses -la responsabilidad de las relaciones, la situación del arte en un mundo de publicidad, sorprendiendo con tonalidades trágicas en un contexto a veces liviano- Arcand ha llegado a ser uno de los más importantes directores contemporáneos. El ha aprendido a endulzar la medicina sin reducir su potencia.
Extractado de un artículo de John Harkness en Sight and Sound, Autumn, 1989.
