INTRODUCCION
Las tres películas reunidas en este ciclo son largometrajes realizados por Charles Chaplin en 1925, 1928 y 1940.
Pertenecen, por lo tanto, a la etapa en que el gran creador se hallaba en la plenitud de su capacidad artística y pudo contar con sólido respaldo para la producción de estos filmes. Como nota aclaratoria debamos precisar que éstas son las únicas cintas de largometraje de Chaplin en condiciones de exhibirse actualmente en Chile. Desafortunadamente, la copia de Luces de la ciudad se encuentra en mal estado y no ha podido incluirse en esta muestra.
Es sabido que Chaplin se opuso durante prolongado tiempo a la incorporación del sonido al cine. De las tres películas en exhibición, dos corresponden a la etapa muda (La quimera del oro y El circo). Las versiones sonorizadas que aquí se presentan son las concebidas por el propio Chaplin, ya en la década del cuarenta, con música compuesta por él y – en el caso de La quimera del oro– con un comentario dicho por él mismo. El gran dictador es un filme íntegramente sonoro desde su origen.
EL ARTE DE CHAPLIN
Charles S. Chaplin nació en Londres en 1889 y falleció en Suiza en 1978. Perteneciente a una familia de humildes actores de variedades, muy joven perdió a su padre y vio volverse loca a su madre, quedando en la mayor miseria. Con su hermanastro Sidney trabajó en varias compañías modestas hasta que logró ingresar en la “troupe” de pantomima de Fred Karno, donde obtuvo cierto renombre.
Con esta compañía marchó en 1910 a Estados Unidos radicándose allí, definitivamente, en 1912. Al año siguiente fue contratado por Mack Sennett para sus películas cómicas cortas. Tomó parte en la primera en enero de 1914 y en la segunda empezó a adoptar la indumentaria característica de su personaje (llamado Charlie, Charlot o Carlitos), la que perfeccionó lentamente. Sus setenta películas, a través de medio siglo de cine, tienen una continuidad prodigiosa y en ellas evolucionó desde lo bufo puro y disparatado de los primeros filmes (serie «Keystone», 1914) a lo humano (serie «Essanay», 1915), lo sentimental («Mutual «, 1916), hasta llegar al período de la productora «First National» (1918-22), donde lo patético y dramático se hallan apoyados por un sistema cómico perfecto e inagotable.
En 1919 formó su propia compañia, United Artists , junto con Mary Pickford, Douglas Fairbanks y O.W. Gritfith , para la que empezó a trabajar en 1923 con un drama en el que no actuó: Una mujer de París. A continuación realizó e interpretó su gran trilogía de tragedias cómicas: La quimera del oro, El circo y Luces de la ciudad.
En 1921 realizó un viaje triunfal por Europa y luego, en 1931-32, otro aún más extenso que lo puso en contacto con las acuciantes realidades sociales y políticas , entonces en aguda crisis, las que inspiraron sus nuevas obras: Tiempos modernos (36), sátira de la industrialización y el maquinismo; El gran dictador (40), contra los países del Eje, durante la Segunda Guerra; y Monsieur Verdoux, contra los grandes negocios.
Su agitada vida sentimental, que comprendió varios matrimonios y divorcios, fue objeto de escándalo y pretexto para que diversos sectores de la sociedad norteamericana emprendieran sucesivas campañas en su contra, las que culminaron en 1952, con su expulsión del país, cuando había concluido su última película norteamericana: Candilejas, con los recuerdos de su vida y la de su padre. Se radicó entonces en Suiza y filmó aún dos obras más: Un rey en Nueva York (57), sátira
de los medios que lo habían perseguido y La condesa de Hong kong (66), su obra póstuma.
La quimera del oro es una de las películas más «célebres y logradas de Chaplin. Está inspirada en hechos reales de la gran aventura americana, principalmente en episodios de la búsqueda del oro en Alaska. Con escenas cumbres, inolvidables, como la de los hombres en la cabaña, acosados por el hambre o la de la inútil espera de la mujer amada y la danza de los panecillos y un tono general que ha conseguido dar a esta aventura la ingenuidad, la fragancia y poesía de un romance antiguo, Chaplin ha creado una obra maestra del cine. El circo, relativamente menos famosa, es, sin embargo, un prodigio de equilibrio y armonía entre lo patético y lo cómico. Iba a ser una película optimista, pero se impregnó de un sentimiento nostálgico que ya no abandonará nunca a Chaplin , expresado con singular fuerza en el hermoso desenlace. El gran dictador, filmada y estrenada en plena conflagración mundial contiene la contribución de Chaplin a la causa aliada. No posee, seguramente, la perfección cómica de sus mejores obras pero se encuentran en ella hallazgos notables (Hynkel jugando con el globo terráqueo, por ejemplo) y un fervoroso llamado a la solidaridad con los humildes y desamparados. Nuevamente demuestra Chaplin en este filme, en el doble rol de Hynkel y el barbero, sus extraordinarias virtudes interpretativas, que le han valido ser considerado por muchos estudiosos como el mejor actor de la historia del cine.
Sobre Chaplin, de Jerry Lewis:
«Estoy convencido de que Chaplin fue el mejor ejemplo de realizador total. Estaba en todas partes en sus películas. Las creaba, en el más completo sentido del término: experimentaba con ellas para constatar con qué amplitud, inteligencia y destreza podía trabajar»
del critico español Manuel Vlllegas L.
«Charles Chaplin, máximo genio de la pantalla, creó al hombre en el cine con todas sus contradicciones de caballero y vagabundo, honesto y pícaro, tipo indefinible sin clase social, patria ni destino en la vida. Seguramente ésta fue su gran aportación a la historia del cine, apoyada en sus prodigiosas dotes de actor. Ha creado prácticamente todo el sistema cómico del cine hasta el punto de que puede decirse que, en este sentido, no se ha dado invención alguna después de él».
De Chaplin
Acerca de «La quimera del oro»:
«Aquel era un tema maravilloso, pensé, suficiente para estimular mi imaginación. En la creación de una película resulta paradójico que la tragedia estimule el sentido del ridículo, porque lo ridículo, creo yo, es una actitud de reto: hemos de reír ante nuestra impotencia frente a las fuerzas de la Naturaleza o volvemos locos»
A propósito de «El gran dictador»:
«Mi dictador tiene cierto parecido con Hitler. Es una coincidencia que use bigote como el mío, pero yo lo usé primero. No remedo a ese individuo, no me presento con un rizo sobre el ojo. He tratado de hacer un resumen de todos los dictadores. No hay actor que no haya soñado con Interpretar a Napoleón. Yo interpreto a la vez a Napoleón y Hitler; al loco zar Pablo, a todos en uno. Y he representado en mi film a ese hombrecito que ha sido pisoteado durante veinticinco años y que puede ser un individuo o puede ser una minoría compuesta de numerosos hombrecillos»
